sábado, 23 de abril de 2016

Confesión inopinada y ligeramente bochornosa con ocasión del día de San Jorge

Siempre es tiempo para corregir una omisión: aunque tarde, este post va dedicado a Cigarra –que es, por cierto, un nom de guerre scout–, con mi agradecimiento. Nadie lo merece más, y pocos lo entenderán igual de bien. 




Aunque son muchas las cosas que me gustan de los ingleses y soy, en conjunto, bastante más anglófilo que lo contrario, soy también consciente de muchas características británicas más bien desagradables. Entre ellas, señaladamente, el desparpajo con el que se han venido adueñando, de tres o cuatro siglos a esta parte, de cosas que originalmente no les pertenecían: el té, por ejemplo, las Indias (la fetén, la oriental, y las occidentales de México para arriba), la institución del mayordomo, Irlanda del Norte, el friso del Partenón, la Promenade des Anglais de Niza, buena parte de las Islas Baleares, la segunda lengua de todo quisque (y la primera de unos cuantos), el Peñón, la costumbre de carraspear antes de hablar... La lista de sus predaciones es interminable, e incluye hasta un santo, que es a lo que hoy quería yo ir. 

San Jorge es un santo de existencia problemática. Apenas sabemos nada cierto de él salvo que con toda probabilidad no fué inglés ni cosa que se le parezca, sino capadocio –turco, mayormente–. Como es un santo gallardo y vistoso son muchos los lugares que lo han nombrado su patrón, además de Inglaterra: Aragón, Barcelona, Portugal, Lituania, Georgia, Cáceres y Moscú, sin ir más lejos. Pero los ingleses se lo han apropiado con especial empeño y lo han convertido en un gentleman rural británico, con safari en tierras exóticas incluido (el dragón); y los demás hemos aceptado esta ocupación tan dócilmente como la de Gibraltar. Es una habilidad que tienen para hacer pasar su predominio por una amable tradición más, a la que no solo es fácil acostumbrarse sino que no hacerlo parecería como de mala educación... 

A pesar de esta apropiación indebida de que ha sido objeto por parte de los ingleses –o quizás a causa de ella, al menos en parte– San Jorge es para mí un santo especialmente simpático, como he contado en otra parte, y creo que esta simpatía se debe, al menos en su origen, al hecho de que sea, además, el patrón de los boy scouts, hueste en la que milité en mis años mozos. 

Sí señores, he sido boy scout, y he sido muy feliz siéndolo. En las dos variedades sucesivas que, tan exacta como rudamente, retrata esa famosa definición de «unos niños vestidos de gilipollas mandados por un gilipollas vestido de niño». Fui niño vestido de gilipollas y, a su debido tiempo, fuí también gilipollas vestido de niño, si bien solo en el orden simbólico o metafísico, porque en la práctica mis scouts eran poco adictos a los uniformes y más bien íbamos todos, niños y menos niños, vestidos de guarros. Asumo todos los inevitables chistes, incluyendo el realmente bueno de la definición, los comprendo y entiendo incluso a quienes desconfían del tufillo militarista, autoritario y rancio que, visto de lejos –y, en algunos, pocos, casos, de no tan lejos– presenta este benemérito movimiento. Hasta entiendo a los que se irritan cuando se encuentran en el campo con una de estas manadillas infantiles, porque a mí me pasa lo mismo, detesto irracionalmente encontrar gente donde igual de irracionalmente creo que solo yo debo estar. Pero tras entenderlo todo, no tengo más remedio que proclamar que fui muy feliz siendo scout, que serlo tiene en mi vida una influencia tan importante como beneficiosa y que, en resumen, creo deber a mi scoutez (escultismo es la palabra técnica) buena parte de mi capacidad de ser feliz, no solo la de entonces sino también la de ahora mismo. 

Nunca aprendí en los scouts esas cosas que la mitología popular afirma que enseñan: hacer nudos, orientarse en el bosque o encender un fuego frotando dos palitos. Mis scouts debían de pertenecer a una variedad más intelectual y metafísica, y descuidaron el cultivo de estas apreciables habilidades, aunque felizmente no faltaron las acampadas y las marchas. Pero en cambio aprendí con ellos otras cosas que juzgo más importantes y útiles, tanto que aunque de mis tiempos de escultismo activo hace casi cuarenta años, y los detalles y las anécdotas están prácticamente borrados de mi mala memoria, esas cosas que digo me han acompañado desde entonces y han crecido conmigo, porque tenían la importancia y la consistencia suficientes como para ser igual de válidas a los quince años que a los cincuenta.

Hablo de cosas muy elementa­les, muy concretas, pero de mucha importancia práctica y vital. Cosas que han modelado muy significativamente las actitudes y los comportamientos frente a la vida que todavía ahora sigo intentando, con éxito desigual, que sean los míos. Experiencias y aprendizajes que tienen que ver con la manera de habitar el mundo, intentando, al mismo tiempo, entenderlo, disfrutarlo y mejorarlo; con la disposición hacia los demás, desde un sincero deseo de servicio hasta una actitud de respeto, acogida y cordialidad;  y con el modo de convivir con uno mismo, firmemente asentado en la confianza, humilde y realista, pero optimista y tenaz, en las propias capacidades. 

Y tienen sobre todo que ver, como les decía hace un par de párrafos, con mi capacidad de ser feliz. Quizá el concepto de felicidad no sea un criterio muy sólido ni respetable, y quizás por ello esta afirma­ción suene un tanto frívola y evanescente en algunos oídos, pero no, desde luego, en los míos. Creo firmemente que en la vida se pueden hacer pocas cosas más difíciles ni más importantes que aprender a ser feliz. 

Mi idea de la felicidad, lo que hoy experimento cuando me siento plenamente feliz, es exactamente lo que experimentaba a los quince y a los veinte años, en medio de un campamento o una salida con los scouts. Quien lo ha vivido sabe que no hay felicidad igual a la del día que te montas en el autobús o en el tren con tu tropa para empezar un campamento –que, en tu ánimo, es todo el futuro que existe, porque los campamentos, como las vacaciones, son eternos, y ni se anticipa su final ni merece la pena perder el tiempo en pensar en lo que vendrá después–, con una gente que, en tu cabeza, es toda la gente que hay en el mundo –quieres mucho a tu familia y ella te quiere mucho a ti, pero, precisamente por ello, puedes borrarla totalmente de tu mente durante veinte días con toda tranquilidad–; y que todas las felicidades que se experimentan después tienen a aquella por patrona y fundadora. No hay relación con el mundo que pueda compararse a la que sientes en las tripas cuando sales de la tienda en medio del monte con un frío pelón; y el aire helado de la mañana, el cielo, el paisaje y tus amigos son lo más real y lo más tuyo que has tenido nunca, y el nuevo día se presenta ante ti como una aventura invitadora, deslumbrante y feliz.  Si has tenido la suerte de vivir esas cosas a los diez y a los quince años, ya sabes qué es lo que te interesa en la vida, y a partir de ellas modelas todo lo que viene después. Todo lo que más tarde puedas hacer se basa en aquello. Todas mis actividades de adulto, toda mi vida, no tratan de ser, en el fondo, más que un desarrollo puesto al día de aquellas felices experiencias de niño y de adolescente, y creo que son esa disposición que en mi inconsciente la preside, y esa intención, más o menos expresa y que nunca me abandona del todo, de no defraudar al chaval idealista que sigue mirándome, expectante, desde algún pinar, las que hacen que la disfrute tanto.


Y no sé si consecuencia o causa de lo anterior, pero fundamental en todo caso: aunque por lo que yo recuerdo nuestras actividades scouts no eran especialmente «piadosas», ni había en ellas gran cosa de religiosidad explícita, lo cierto es que el Dios en que actual­mente creo es el mismo en que aprendí a creer entonces, que la relación que mantengo con Él es la misma que entonces empecé a establecer y a afianzar y que la clase de vida que trato de vivir es la que entonces descubrí que quería intentar que fuera la mía. Creo que si hoy sigo siendo creyente se debe, en buena medida, al modo en que en aquellos años aprendí a plantear y a vivir mi fe, bajo la influencia, no única, pero sí muy importante, del escultismo. Sigo sin tener mejor idea de la vida eterna que «la paz de un eterno campamento» de la que habla la vieja canción scout. Si solo le debiera eso al escultismo, ya creería deberle más de lo que nunca le podré pagar. 

Debo precisar, por último, que mis boy scouts tenían con el ilustre imperialista inglés que fundó el movimiento, y con sus prácticas campestres y paramilitares, bastante poca relación, y esa poca más simbólica que otra cosa, más afectiva que efectiva. Suele pasar con las instituciones que crecen y se desarrollan por caminos en gran medida insospechados para su fundador, y el escultismo católico español de los años setenta le habría resultado al coronel Baden Powell, me temo, no solo irreconocible, sino bastante ajeno y poco apetecible. Tanto como él, su bigote, sus insignias, su uniforme militar y su sombrero de cuatro bollos nos lo habrían resultado a nosotros. Felizmente, para el uno y para los otros. Cada cual tiene su camino y sus maneras. 

Lo cual no me impide agradecerle en el alma la fundación del escultismo y desearle a su espíritu inmortal, a los scouts del mundo y a todos ustedes un feliz día de San Jorge.

29 comentarios:

  1. ¿Bochornosa? Será para algunos otros, a ti no te veo yo abochornado, amigacho, ni siquiera ligeramente. Bien por ti.

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  2. Bueno, es que tiendo a la retórica preventivo-humorística. Si realmente me abochornara mi confesión de escultismo, no la haría, claro. Muchas gracias por el comentario, amigo mío.

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  3. Lagrimones como peras me has hecho caer. No he vuelto a preparar un equipaje para unas vacaciones o una escapada de fin de semana como la que estoy disfrutando ahora mismo, sin pensar en mi mochila de scout. Y firmo todo lo que dices sobre la felicidad y la religion. Porque has conseguido expresar exactamente lo que yo pienso y nunca hubiera sido capaz de decir tan bien. Que te den la oreja (del dragon de San Joge, si es que tenia. Si no, la de Baden Powell). Cigarra.

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  4. Gracias, Cigarra. Sabrás que fueron tu visión de guía feliz y cantarina y tus historias maravillosas de campamentos y fogatas lo primero que me hizo querer ser scout yo también.

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    1. Es una de las mayores satisfacciones de mi vida

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  5. Espero que haya sido bueno. En mi caso lo fue y aproveché para comprar El adversario, de Emmanuel Carrère.

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    1. Me alegro un montón de que haya sido bueno en tu caso, Ozanu, sea lo que fuere de lo que estés hablando. Seguro que me alegro más aún cuando me entere de qué es.

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    2. Se referirá a la celebracion del dia del libro, acaso?

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    3. Ese libro, El Adversario, me impresiono muchisimo, porque es una historia real. Abrumador

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    4. Exacto. Tanto en la aclaración como en el comentario, de hecho. ;-)

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    5. Carrère tiene la cualidad de volver interesante, apasionante incluso, cualquier asunto de que se ocupe. "El adversario" me falta, pero me he leído completamente absorto su libro sobre Limónov, un indeseable del que nunca había oído hablar y que me cayó gordísimo; y su otro libro sobre Philip K. Dick, que en principio me importaba un pepino y no podía serme más ajeno; y su último libro sobre sus propias idas y venidas en torno a la fe religiosa, que rezuman una autocomplacencia narcisista y pedante y de las que, sin embargo, no levantas la vista hasta que te las acabas. Escribe de vicio, el cabrón.

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  6. He de reconocer que desde pequeño les tuve una cierta manía a los scouts, absolutamente injustificada salvo prejuicios tópicos. Tampoco recuerdo que tuviera la oportunidad de integrarme en ninguna de sus organizaciones, y las pocas acampadas que he hecho en mi vida han sido siempre en grupo de amigos de forma espontánea y sin formación previa en tales actividades. A la vista de lo bien que lo pasaste, sin duda me perdí una buena experiencia, pero qué se le va a hacer.

    Por cierto, me enteré de la existencia del término "escultismo" hace sólo algunas semanas, concretamente buscando información sobre los primeros que interpretaron a Dylan en catalán y que resultó que se conocieron en uno grupo de scouts de Barcelona. La verdad es que la palabreja me parece espantosa y sugiere cualquier cosa menos la filosofía del movimiento.

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    1. Hola, Miroslav. Esa "cierta manía" tuya hacia los scouts está muy extendida, y ser yo consciente de ello es lo que ha motivado el "ligero bochorno" retórico del título de mi post. Los scouts son mirados con cierta condescendencia semiburlona por mucha gente, y si se rasca un poco en el fenómeno, en el noventa por ciento de los casos se descubre que quien la experimenta no los ha conocido más que de lejos y no tiene ningún fundamento sólido en que basarla. Aunque no todos lo confiesan con tu bonhomía. En cambio son frecuentes los casos de quienes, como yo, aseguran que su pertenencia al movimiento ha tenido una influencia beneficiosa en su vida, y no conozco a nadie que, habiendo sido scout, hable mal de ellos. En mi caso te aseguro que fue, más que simplemente beneficiosa, fundamental. Fundante, que es palabra que me gusta mucho así usada.

      En cuanto a "escultismo"... Es difícil juzgar objetivamente una palabra que se conoce y se usa con naturalidad desde pequeño, y que tiene para uno resonancias emocionales y afectivas tan positivas. Pero la verdad es que es, cuanto menos, rara. No sé de dónde le sale esa "l" espuria, que no parece tener ninguna relación con la raiz inglesa y, en cambio, la complica equívocamente con escuchas, esculturas y culturistas. Debe de ser lo que los lingüistas llaman un fonema epentético, una intrusión para facilitar la pronunciación y adaptarla a la morfología castellana. Sí que es fea, sí, ahora que lo pienso, la palabra. Pero, como tú bien dices, qué se le va a hacer.

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  7. Lo de escultismo sera feo, pero lo de fonema epentético es espeluznante.
    Bueno, yo a lo que venia era a agradecer la dedicatoria y a decir lo que me gusta esa cancion del principio y en general casi todos aquellos cánticos que entonabamos sin cesar, de la mañana a la noche, oportune et inoportune. Para mi también fueron fundantes aquellas experiencias, hasta el punto de que, cuando me vi surcando las aguas del Rio Grijalva, en el Cañon del Sumidero en Chiapas, hace dos años, para expresar mi entusiasmo ante aquel prodigio de la naturaleza, no encontre mejor modo que cantar para mi misma por lo bajinis aquella cancion "Yo he pasado largas noches en la selva,junto al tronco perfumado del abeto..."
    Gracias otra vez. Cigarra Tranquila

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  8. A mí también me asombra tu capacidad de expresar exactamente lo que pienso. Y mis lagrimones al leerte me han recordado a otros lagrimones: los de la primera vez que acudí a un campamento en día de padres, y esta vez los padres éramos mi santo y yo, y nuestro hijo el que hacía la promesa.... Gracias. Hilari.

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  9. Gracias a ti, Hilari, por pensar exactamente lo que digo. Qué bien verte por aquí.

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  10. Vamb, tocayo y amigo,
    con riesgo de parecer petulante debo decir que escribes cada día mejor y mejor. Y no solo por el contenido de tus posts, sino también por las formas, en lo que tanto escudriño: la puntuación y el oportunísmo uso de paréntesis y plecas.
    Este post de scouts me ha parecido muy emocionante y aleccionador. Sincero, reflexivo e interesante. En un momento he estado yo también al borde de la lágrima; y no es porque la edad le haga a uno chochear, es que la emoción de lo que cuentas se cala hasta la médula con gran añoranza. Y eso que con aquella edad en mi cole no hacíamos de boy-scout. Como mucho íbamos de excursión un fin de samana o un puente largo con tienducas de campaña y parábamos a la vera de un arroyuelo. Divertido, sí, pero insuficiente para ejercitar la camaradería entre varios compañeros de clase - que ya nos teníamos sabidos de sobra.

    En cambio, yo, releo mi último post y me admito sin ambages que es un chafarrinón y una mierdecilla de solemnidad. Lo sé y no quiero palabras de consuelo ni ánimos. Creo que se me ha agotado el 'caudal' (mucho decir es eso) de peripecias reales y de imaginación para inventarlas.
    De modo es que he publicado una primera parte de post solo a base de dibujos de cuando entonces, de más tarde y de ahora.
    Para esa labor he necesitado la ayuda de mi copiloto/hijo, pero ¡mecachis! he olvidado dedicarlo a los más asiduos; a los 8 o 10 de costumbre. Conoceréis algunos de esos dibujos y otros os resultarán novedosos. Aún faltan muchos, pero Javier andaba muy corto de tiempo.
    Mi más cordial saludo, con abrazo virtual,
    Grillo

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    1. Muchas gracias, Grillo. Me alegro de que te haya gustado mi post, y te agradezco mucho tus amables elogios sobre mi escritura. Siempre he sido consciente de no manejar nada bien las emociones por escrito -mis habilidades literarias se ciñen, efectivamente, más al correcto manejo de la puntuación, la sintaxis, los paréntesis y esas cosas que a ninguna otra- por lo que el tema de este post no me ha resultado nada cómodo, y el resultado ha quedado lejos de lo que me hubiera gustado dejar dicho. Porque, efectivamente, su asunto es eminentemente emotivo, también para mí, y por ello, bastante inefable. Es decir, nada fácil de decir. Me anima saber que, a pesar de todo, parece haberos emocionado a algunos benevolentes lectores. Gracias otra vez.

      En cuanto a tu anterior post... todos estamos más o menos inspirados, según el día. Hablar de agotamientos me parece exagerar. Yo vi en él muchas cosas interesantes, y si no lo comenté no fue porque me pareciera "malo" desde ningún punto de vista sino porque una de las varias cuestiones que en él tocas, no creo decirte nada nuevo, me desagrada profundamente y no creo posible decir sobre ella nada que no haya dicho ya, ni tampoco oportuno pasarla por alto, como si no le diera importancia.

      Tus dibujos son siempre cojonudos, por lo que yo he visto. Voy enseguida a echarle un vistazo a tu último post.

      Un abrazo

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  11. Querido Vanbrug,
    Obviamente tes refieres a la frase que escribí en aquel anterior y malhadado post, (insisto en eso), de que 'Para algunas personas la fe es el miedo a la muerte'. Dije que eso se aplicaba a algunas, no necesariamente a todas las personas con fe. Por tanto, creo, me parece, que no debise haberte dado por aludido ni salir en defensa de todos los creyentes - cual abenderado líder. Si me equivoso en esta apreciación daré marcha atrás inmediatamente. Es más: puedo retirarla aquí mismo.

    La frasecita no se me deslizó por el teclado a lo tonto lo bailo; lo escribí a connsciencia y conciencia, y lo mantego.

    Sinembargo deseo exterdeme al propósito con un argumento a contrario que entenderás y tal vez aprecies, en el sentido de que lo percibas:

    Sabes y/o repito que no soy creyente, ni ateo, (que es otra forma de fe y certidumbre por el extremo opuesto), ni soy agnóstico ni NADA, porque no me considero trascendente ni creo que nadie tenga la soberbia o el ego tan elevado como para creer que su pensamiento y sus creencias y sus actos son más altos de lo que cabe esperar del ser humano.

    O dicho de otro modo, pienso que uno es trascendente en la medida en que su hijo, su familia y sus amistades conserven de él buenos recuerdos y unas fotos en sus pequeños altares, sobre una cómoda o en la repisa de su librería. Los de a pie ¿hablamos de trscender un siglo o algo más, tirando por alto? Trascienden acá los grandes artistas, guerreros o oplíticos que tienen calles y plazas a su nombre y estatuas por doquier.

    Pero, PERO, si bien se sabe que se han matado y martirizado a millones de personas con nombre propio o desconocido en las muchas guerras en nombre de la fe y de las religiones, doy por cierto que es muchísimo más alto el número de millones y millones de otras personas anónimas a quienes la religión y la fe les han ayudado a vivir con serenidad y el amor al prógimo como nos enseñó Jesucristo, personaje y persona de cuya existencia no tengo ninguna duda. Basta con pensar en que nuestro calendario occidental y en el de otras fes se cuenta los años a partir de la fecha en que Jesús murió cucificado.

    [Eso sí, al buen hombre, Jesús de Nazaret, se le fue un poquillo la mano asegurando que era el Hijo de Dios, y eso no gustó un pelo a sus propios coetáneos judíos. Lo apresaron, lo llevaron en cá Pilatos, gobernador de aquella Roma, y se lavó las manos... Y ya sabes que la cosa quedó en crusifixión, que era lo propio por entonces para quien hubiera robado un saco de melones o hecho cualquier 'barrabasada'. No lo tomo a chacota: por desgracia las cosas eran así de bestiales en aquél entonces. Pero Insisto en que Jesús fue un modelo a seguir por cristianos de buena voluntad.]

    Ya pueden judíos, islámicos, animistas o quienes sean, escribir hoy día un contrato, un comunicado diplomático o una mera carta comercial y señalar desde qué lugar lo hacen, pero nunca tendrán la disparatada osadía de fechar lo que quiera que sea en el año seiscientos, en el cinco mil o en el ventisiete mil..., por poner un 'poner'

    O sea que, sin la menor duda, la fe y la religión son positivamente útiles y necesarias para la inmensa mayoría de los mortales. Y eso, obviamente, me parece un triunfo maravilloso y una excelente ayuda para todas las personas de buena voluntad. Respeto tu fe tanto como tú la respetas a ella. Lo digo muy en serio.

    Espero haberme explicado con suficiente claridad, y, no lo dudes, lo hago con el corazón en la mano.

    (Por otro lado estoy en mi perfecto derecho a no creerme transcendente. Cosa que me plugo desde mi juventud; desde que uno empieza a racionalizar diverso asuntos.)

    Cuenta ya, (desde hace bastante tiempo), con mi cariño y mi admiración. Muy mal tendría yo que hacer o escribir algo para que ese cariño, siquiera en la distancia, se echase a perder o dejara de serlo.

    Javier Gordillo, AKA su alter ego bloguero y acrónimo: 'Grillo'.

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    1. Querido Grillo: no, no me refiero a esa frase. Lo que cada cual opine sobre la fe me parece siempre respetabilísimo y ni me desagrada ni me deja de desagradar. Sé que respetas la mía y yo respeto la tuya, o tu falta de ella, o lo que sea. No es ese el punto de tu post que me inhibió de comentarlo, sino una alusión a una persona que hacías en él, que no quise ni rebatir, ni autorizar con un comentario en el que no la rebatiera. No hay ningún asunto teórico, fe religiosa incluida, sobre el que yo tenga el menor inconveniente en decir y escuchar todo lo imaginable.

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  12. Así que hay que añadirle un "2" a este blog para poder entrar en él. Menos mal que se me ocurrió buscarlo en "Conciertos y desconciertos" ( gracias Miroslav ). Me ha encantado tu post, Vanbrugh ; sí a mí también me ha emocionado.

    Me he parado a pensar si mi relación con Dios y la concepción que tengo de Él son las mismas que tenía hace 50 años. La repuesta es : NO. Me pregunto ¿ cómo un adulto logra esa continuidad ? Y si lo logra : bendito sea. Me da envidia ( lo digo en serio, no es peyorativo ).

    ¡ Qué pena !, otra discusión sobre una persona que ha ofendido o desagradado una y otra vez a varios lectores asiduos de este y otros blogs. ? Por qué no lo dejáis ya de una p... vez ? Me quitáis el placer de leeros.

    Os deseo a todos feliz Pentecostés.

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    1. Hola, C.C. Me alegro un montón de volver a verte por aquí, y de que te haya gustado mi post.

      No sé si "lograr", con sus connotaciones de una finalidad propuesta de antemano, y de un empeño sostenido por "lograrla", es la palabra adecuada. No lo vivo como algo que yo haya "logrado", sino como algo que me ha ocurrido, como un proceso que ha sucedido espontáneamente y sin ningún propósito por mi parte.

      He borrado la discusión que te daba pena. No estoy particularmente satisfecho de que haya tenido lugar, no me gusta lo que en ella se ha dicho y no deseo que quede entre los comentarios de un post que se refiere, felizmente, a asuntos bien distintos. Feliz Pentecostés a ti también.

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  13. A modo de curiosidad, decir que a Robert Baden-Powell lo iba a interpretar el gran David Niven en una pelicula epico-biografica a cargo del no menos grande Cecil B. De Mille, pelicula que no se llego a rodar a causa del fallecimiento de su director.

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    1. Lejos de mi alegrarme por la muerte de nadie, pero la verdad, una super producción de De Mille sobre Baden Powelll... me pone un poco los pelos de punta. Celebro que no se llegara a rodar.

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  14. A pesar de ser el artífice del nuevo blog Periquitos que me sigue permitiendo publicar incontinentemente, veo que no lo has enlazado y que en cambio mantienes el cerrado ???

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  15. Gracias por este post, Van. Que tú pertenecieras a ese grupo scout fue una de las mejores cosas que me ocurrieron en él. Y ¡qué bien escribes, guapo!

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  16. ¡Alas! Entre las pocas ventajas que tiene un blog esporádico y semiinexistente como este está la de que se adapta muy bien a los lectores y comentaristas esporádicos y cuasi inexistentes, como tú. Yo escribo mi último post hace más de un año, tú lo lees y lo comentas quince meses después, y los dos tan contentos. Yo, de hecho, contentísimo, de verte por aquí desde luego, pero más aún de que me digas esas cosas tan estupendas.

    Que además sé que son verdad, porque yo también creo que lo mejor que nos pasó a todos en aquel grupo scout fueron los otros que también estabais.

    Muchas gracias a ti, preciosa.

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