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domingo, 2 de diciembre de 2012

Al curioso lector


Amancio Prada - Libre te quiero (Agustín García Calvo)

Cuando empecé este blog, va a hacer ya siete años, era bastante normal que pasaran dos y tres meses, y más, sin que publicara nada en él. Como no lo leía prácticamente nadie, a nadie le extrañaban mis silencios y nadie echaba de menos mis escritos. No era la situación ideal para un bloguero, desde luego, pero no dejaba de tener sus ventajas –como todo en la vida, si uno se toma la molestia de buscarlas–.

Andando el tiempo un reducido pero muy selecto número de merodeadores internéticos fue adquiriendo la costumbre de pasar de vez en cuando por aquí, leer, si algo nuevo había para leer, y algunos, incluso, comentar lo que buenamente les apetecía. Paralelamente yo aumenté algo mi ritmo de publicación. No es que nunca llegara a ser lo que se dice profuso, no me acerqué nunca ni de lejos al vertiginoso ritmo de actualización de algunos blogs modélicos que podría citar, pero me situé en un ritmo para mí razonable. A veces pasaba un par de meses sin actualizar y a veces me daba por escribir sendos posts dos semanas seguidas, con lo que la cosa vino a quedarse en los últimos tiempos más o menos en un post al mes. No estaba mal, para lo que yo suelo ser.

Así que cuando ha pasado un mes, y dos, y tres... y me temo que ya cinco desde el ultimo post, sin que haya publicado nada nuevo, algunos de mis amables lectores han empezado a levantar la cabeza, olfatear el aire y preguntarse qué está pasando aquí. Una cosa es ser vago y publicar de Pascuas a Ramos, parecen pensar, y otra cosa es esto. Tanto tiempo sin que este hombre asome la cabeza por su blog ni por los ajenos tiene que deberse a algo.

Pues efectivamente, mis queridos amigos, a algo se ha debido. Enseguida se lo explico.

Antes que nada quiero agradecer las muestras de interés por mis andanzas, o falta de ellas, y de preocupación por mi prolongado silencio que he recibido los últimos tres meses y pico. Lansky, Miroslav, Grillo, Atman, Julián, Paloma.. y todos los que, diciéndolo o no, me habéis echado de menos: muchas gracias. Es una verdadera satisfacción contar con lectores y amigos como vosotros, y solo por ello merecería la pena tener un blog.

El último comentario de Julián en el anterior post da bastante en el clavo: parte de la culpa de mi desaparición la ha tenido el verano, desde luego, y la ocasión que felizmente nos da una vez al año de pasar un mes y pico en un lugar donde no hay Internet, ni falta que hace. Pero la causa fundamental de que durante tanto tiempo haya estado alejado de los blogs, del propio y de los ajenos, y sin mucha gana ni ocasión anímica de dedicarme a la placentera flânerie internética, ha sido un serio problema laboral, que no ha andado muy distante del mobbing a que se refiere Bluff. No entraré en detalles, ni aún ahora que, ya felizmente solucionado, empiezo  a concederme a mí mismo permiso para hablar del asunto, pero les haré por lo menos un bosquejo de la cuestión..

Soy funcionario, como muchos de ustedes saben, y durante este verano, desde unos días después de mi anterior post hasta mediados de Noviembre, he visto mi puesto de trabajo en el alero, sin culpa alguna por mi parte y sin que mediara siquiera ese famoso expediente disciplinario que, en teoría, es el único modo de separar a los funcionarios de su trabajo. Nada de eso, no he hecho nada malo ni nadie lo ha considerado así: simplemente ocurre que suprimir mi puesto de trabajo les ha parecido a unos cuantos polítiquillos de vía estrecha un buen sistema de recortar gastos y de practicar el deporte de moda, la caza del funcionario; y con ello, de hacer carrera en su partido y de ganarse los votos de otros cuantos electores desinformados y prejuiciosos. Así que yo me he visto en la calle a seis meses de plazo, sin que nadie asumiera la obligación legal de procurarme un nuevo puesto de trabajo, como exige la ley que se haga cuando se amortiza un puesto con bicho dentro, y me he tenido que buscar la vida por mi cuenta, hasta dar, por pura casualidad y tras no poco esfuerzos y zozobras, con el nuevo puesto que ahora mismo ocupo. Hemos pasado, mi mujer y yo, un verano amargo y lleno de incertidumbre y angustia, y hace solo unos pocos días que hemos empezado a levantar cabeza y a respirar tranquilos.

En resumen, me han proporcionado motivos contundentes y directos para abominar de los políticos profesionales con más energía y conocimiento de causa que lo hacía antes; y para que la próxima vez que oiga a alguien descalificar a los funcionarios diciendo eso tan inteligente de que "como tenemos seguro un puesto de trabajo para toda la vida..." –como si eso fuera algo malo, en primer lugar, o constituyera un motivo para avergonzarse; y, en segundo lugar, como si eso fuera verdad...– tenga aún más razones para pensar que quien lo dice no sabe de qué habla y haría bien en informarse –en el mejor de los casos– o directamente que es un cretino –en el peor y, me temo,  más frecuente–. Y razones ya no solo teóricas, sino dolorosamente prácticas y personales. 

Dicho lo cual solo me queda añadir unas cuantas consideraciones sobre los blogs en general y sobre el mío en particular que ya me habrán leído en otras ocasiones, pero que nunca está de más recordar, especialmente en épocas de sequía y crisis como la actual, en la que hacen particularmente al caso:

Incluso si en sus últimas visitas han visto ustedes siempre el mismo post, incluso si parece que ya no se actualiza nunca ni se va a actualizar más, este blog funciona. Sí, sí, funciona. Todo el rato, también cuando parece que no. Cumple todas las funciones que un blog debe cumplir: está accesible, recibe comentarios de sus visitantes si estos quieren hacerlos, y hasta produce puntuales (??) respuestas de su dueño, al que le llega inmediata comunicación de cuantos comentarios se producen. Lo visitan a diario entre treinta y cuarenta lectores, mejicanos ignotos que quieren saber qué ingredientes tiene la ensalada toscana de VIPS, ecuatorianos despistados que buscan "cantos de júbilo", catalanes ociosos interesados en conocer la letra de "Les violes grignolent"... 

Todos ellos desaparecen no bien comprueban que no han dado tampoco esa vez con lo que buscan, pero hay también lectores fieles y desconocidos que bucean durante largos minutos en posts antiguos, y esos me confortan el corazón cuando compruebo en mi contador la huella de su paso. 

Y, sobre todo, contra lo que algunos blogueros y algunos lectores de blogs tienden a pensar, este blog cumple su función de tal simplemente estando, y ofreciéndome todo el rato la posibilidad de escribir en él lo que de repente sienta la necesidad de compartir con el mundo en general y con mis lectores habituales en particular. Incluso aunque esto sucediera solo dos veces al año. O una. La mayor o menor frecuencia no cambia nada importante en la naturaleza esencial y misión del blog: hay ritmos vitales más lentos y otros más rápidos, autores más prolificos y menos, metabolismos más y menos activos. 

San Pablo, nos cuentan, permaneció trece años tras su camino de Damasco en un aparentemente inactivo pero muy fecundo anonimato, antes de arremangarse y ponerse a organizar un chiringuito que dura hasta hoy en gran medida gracias a su impulso; los trece años de silencio fueron tan útiles a sus fines, o más, que los de actividad, viajes y predicación que les siguieron. Que el campo parezca muerto durante el invierno no le impide florecer meses después, al contrario, la aparente inactividad invernal es condición necesaria de la fecundidad posterior. Y a un elefante no se le puede pedir el mismo ritmo de actividad que a una ardilla. Entre dos latidos consecutivos del corazón del elefante transcurre un tiempo mucho más largo que entre dos del de la ardilla, sí, pero eso no nos autoriza a creer que la ardilla esté más viva que el elefante, ni que entre latido y latido el corazón del elefante haya dejado de funcionar.

En cualquier caso, como ya he dicho en alguna ocasión, este blog es por completo ajeno a nada que tenga que ver con plazos, cupos u objetivos. Se actualiza cuando buenamente le sale de dentro, a él, ni siquiera a su autor, que soy yo. Le encanta tener lectores y comentarios, pero se ha mantenido largas temporadas sin unos ni otros, y ha sobrevivido. Ni reclama el derecho a ser leído ni, en contrapartida, reconoce en nadie el derecho a leerlo. Ni admite exigencias ni exige nada.

Es un blog muy suyo, ya les digo. E insisto en lo de suyo porque, como García Calvo a la chica de la canción, yo, su titular pero no su dueño, lo quiero libre, ni de Dios, ni de nadie, ni mío siquiera. Y espera de sus lectores que lo quieran, también, precisamente así. 

De modo que estén ustedes atentos, porque nadie, ni yo, sabe el día ni la hora; pero por mucho que parezca lo contrario, no les quepa duda de que llegará, ni de que Júbilo Matinal alumbrará un nuevo post, como no ha dejado de hacerlo desde el lejano y feliz día de su inauguración. 

 (Y si desean ustedes saber más sobre mi particular punto de vista sobre cómo y para qué usar este blog, lean, si aún no lo han hecho, el post que dediqué al asunto con ocasión de su 4'05 aniversario.)


domingo, 11 de septiembre de 2011

Acedía tardoestival

Lo sé, lo sé, estoy muy perezoso. Desde finales de mayo no escribo nada en este blog y, para ser sinceros, lo último que escribí era una chorrada. (Optimista afirmación que parece dar por supuesto que el resto de lo que he escrito, no). Pero es que me he cambiado de trabajo, operación que, entre despedidas y estrenos, consume una cantidad de energía francamente agotadora, y luego me he ido de vacaciones, y ando ahora en esa fase posvacacional en la que uno se pregunta por qué cuernos no puede vivir todo el año como durante el último y bienaventurado mes; o sea, que tengo la cabeza en otra parte, no sabría exactamente precisar en cuál, y no me da la vida para ocuparme de Internet, o solo poquito: ese poquito que mi avatar Vanbrugh desparrama a ratos en forma de comentarios por tres o cuatro blogs cercanos que consiguen de vez en cuando sacarme del marasmo mental en que yazgo.


(Este estupendo dibujo de Grillo, que se está convirtiendo en algo así como mi ilustrador oficial, puede darles una idea aproximada de mi actual disposición vital. No se alarmen por la ametralladora, debe de simbolizar -tengo que preguntárselo a mi psicoanalista en cuanto me consiga uno- el ánimo agresivo y eficaz con que encaro mis nuevas obligaciones profesionales. Del significado del resto tampoco tengo ni la menor idea.)

A pesar de todo lo cual algo hago, no crean, aparte de trabajar. Sigo, cómo no, maquinando aberraciones musicales con el Finale, por ejemplo. He aquí, en forma, una vez más, de

Acertijo musical

un par de resultados de estas actividades:


¡Que no! - Júbilo Matinal


Little Spaniard - Júbilo Matinal

(Aprovecho para probar un alojamiento nuevo de música, Goear, en vista de que el mío habitual, Divshare, parece estar colapsado por algún motivo y ni me deja subir músicas, ni me permite escuchar las que ya tengo subidas y colgadas. Esperemos que no dure, o tendré que transmigrar toda la del blog al nuevo sitio.)

(DivShare vuelve a estar en uso, y me apresuro a utilizarlo de nuevo. Goear, como habrán quizás tenido que padecer -ojalá no- ¡mete publicidad! ¡En mi blog! Hasta ahí podíamos llegar.)

El primero, al que he titulado "¡Que no!" por motivos que quizás entiendan si dan con la respuesta, es una pieza para oboe y piano. El oboe toca una voz cantante de mi invención. La mano izquierda del piano -las teclas más graves- hacen el acompañamiento. Y la mano derecha toca dos voces: de ellas la más aguda es también obra mía, pero la más grave es un tema muy conocido, que todos ustedes oyen unas cuantas veces al día y que quizás puedan reconocer, a pesar de presentarse amalgamado con el resto de voces. Averiguar cuál es este último tema es la primera parte de mi acertijo de hoy.

El segundo, llamado "Little Spaniard", también por motivos fáciles de deducir cuando se sabe de qué tema se trata, es mi particular arreglo de otro conocido tema musical. Los lectores atentos de este blog quizás recuerden que ya han tenido ocasión de escucharlo, en un post de hace cosa de un par de años, aunque la que ahora cuelgo es una nueva versión enriquecida. Igual que en el anterior, hay un oboe que lleva la voz cantante y un piano que le acompaña y hace, además, una especie de antífona a la melodía principal. En este caso se trata de adivinar, como segunda parte de mi acertijo, cuál es la obra musical versionada.

(Pueden enviar sus respuestas a jubilomatinalarrobagmailpuntocom, casi mejor que escribirlas en los comentarios, para la cosa de si alguien más quiere intentarlo).
De verdad que siento no ofrecerles otra cosa más interesante, pero es que no estoy para nada.

martes, 2 de febrero de 2010

4'05 ANIVERSARIO


Franz Schubert
- Quinteto en La mayor "La Trucha", D. 667 - 4 Andantino (Fragmento)
Alfred Brendel, piano - Cleveland Quartet





A Marta, Miroslav, Lansky, Cigarra, dani maggio, Julián, Alas de Algodón, Zafferano, Isabel Vera, La Uge, Ignacio, Ricardo, La Delsa, MFantasma, Emma, Invectiva, Enrique, O'Clock, Ismo, Mery, Nora Hayden, Strika, Fauve, Female, Gironina, Mostrenco, David , César, Raleigh, Harazem, Amy, Matzerah, A la Oreja Verde, Pablo, Alvaro Erices, Chrysagon, Dante Bertini, Señorita Puri, Angie, Aurora, Pablo C, Levilibegas, Teresa, Gandi, Pachicha, comentaristas anónimos y lectores silenciosos todos, con mi agradecimiento.


MANIFIESTO BLOGUERO en un momento tan adecuado como cualquier otro

Hace un par de semanas, el 16 de Enero, este blog cumplió cuatro años. Fui consciente, pero decidí dejar pasar la fecha en un discreto silencio. El contador que tengo instalado (al final del todo, debajo del primer post, para que no se vea mucho) marca un poco más de treinta mil visitas –como no tengo ni idea de cuándo lo instalé, hace unos dos años, la cifra no me dice nada– y no hace mucho, por tanto, que debió de marcar treinta mil justas. No me enteré -lo miro de ciento en viento- pero si lo hubiera hecho también habría sido un buen pretexto para celebrar un cumplealgos. Y también me habría dado pereza.


Para qué negarlo: probablemente me mostraría más partidario de los aniversarios y de los números redondos, y menos descuidado para señalarlos, si tuviera unas cifras un poco menos escuálidas que presentar. Pero la verdad es que sesenta y cinco entradas (¡hombre, mira, sesenta era un número redondo! Y la mar de sexagesimal, además... También habría podido celebrar eso ¿no?) en cuatro años no es un dato de los que impresionan. No llegan ni a una y media al mes. Y si hablamos de visitas… el StatCounter –ese solo lo puedo ver yo– registra, por ejemplo, que durante el mes de Diciembre he tenido mil ciento sesenta. Son muy pocas, una media de treinta y ocho diarias, pero son menos aún si tengo en cuenta que un único visitante que haga clic sobre el nombre de cinco posts distintos –para leer los comentarios, por ejemplo– cuenta como cinco. Y que este blog, como cualquiera, me imagino, tiene cerca de una cuarta parte de visitas casuales, a quienes Google o Yahoo han traído por los pelos, que buscan algo que nada tiene que ver con lo que encuentran, se van a los dos segundos, una vez comprobado que esto es así, y no vuelven jamás.

(Mi contador, por cierto, me informa de las claves de búsqueda de mis visitantes, y resulta francamente divertido ver las cosas que la gente puede llegar a teclear en los buscadores: algunos deben de pensar que hay en la red un enanito sabio al que dirigen sus investigaciones, y ponen, por ejemplo: "
Quiero saber cuántos versos tiene un soneto", por lo cual imagino que les saltarán centenares de miles de páginas que contengan las palabras "quiero", "saber" y "cuántos", realmente útiles en su búsqueda.

Tomen ustedes nota, ya que estamos, y no tecleen nunca cosas como "
sexo con menores" o "venenos indetectables"; la Policía sí puede seguirle la pista a su IP.)

Soy muy consciente de que ambas cosas, número de entradas y número de visitantes, están directamente relacionadas: hasta el lector más entusiasta y fiel acaba raleando sus visitas si, vez tras vez, encuentra el mismo post de hace diez días, y de hace quince, y de hace mes y medio. El bloguero que quiera lectores numerosos y asiduos tiene que ser, a su vez, asiduo y prolífico escribiendo. Yo no soy ninguna de las dos cosas. Escribo cuando me sale, y me sale muy de vez en cuando. La mayor parte de las veces, encima, en blogs ajenos. Si se reunieran todos los comentarios que en estos cuatro años he esparcido por los cinco o seis blogs que más frecuento, con cualquiera de mis dos seudónimos, probablemente abultarían diez o doce veces más que lo que en el mismo tiempo he publicado en el mío, y hasta es posible que tuvieran bastante más enjundia.

Y no es que sea así de generoso, no: soy simplemente desorganizado, caótico y adicto a convertir la improvisación en sistema. Escribo al impulso del momento y no tengo claro qué quiero decir y cómo exactamente voy a decirlo hasta que llevo tres o cuatro frases tecleadas. Si no hay nada inmediato -un post ajeno, por ejemplo- que me impulse a a escribir esas tres o cuatro frases, la mejor de las ideas puede quedarse durante meses tomando forma en mi cabeza, con el vago propósito de convertirse algún día en post.

Y lo cierto es que ni siquiera lo lamento demasiado. A estas alturas de mi vida no es solo que me haya acostumbrado a ser así, es que, en realidad, me he aficionado. Tiene mal remedio.

Quizás lo que digo esté sonando a disculpa. Me apresuro a negarlo. No me parece que tenga nada de que disculparme con nadie. ("Al cabo, nada os debo; debeisme cuanto he escrito...") No creo tener ninguna obligación de escribir ni de publicar, ni para con mis lectores ni para conmigo, del mismo modo que no creo que nadie tenga ninguna obligación de leerme ni de comentarme. Empecé esta historia porque me apeteció, la mantengo porque sigue divirtiéndome y perseveraré hasta que deje de disfrutar con ella, al margen de que tenga o no lectores y comentarios.

Este blog es mi patio interior, mi huerto de reposo y mi lugar de esparcimiento –o uno de ellos, al menos– es decir, un medio de cultivar la noble ocupación de la pereza, en el mejor sentido de esta estupenda palabra –y en el mejor también de la sospechosa palabra ocupación–. Abierto, desde luego, a todos los amigos y visitantes que quieran asomarse y compartir mis placenteras formas de perder el tiempo, pero ajeno y opuesto desde su misma concepción a horarios, plazos, objetivos y prisas. Si algún día empezara a sentirlo como una obligación, o a inquietarme por no publicar con la suficiente frecuencia, o a preocuparme por recibir pocos comentarios, entonces sí que sabría llegado el momento de dejarlo. La vida impone ya suficientes agobios como para que uno mismo se vaya a buscar sin necesidad ni uno solo más.

Todo lo cual no quita, naturalmente, para que me guste enormemente tener lectores, y más aún tener comentarios, que es casi la única forma de saber con certeza que se tienen lectores (casi la única, pero no del todo; descubrir en StatCounter a un lector silencioso que se ha pasado treinta o cuarenta minutos leyendo post tras post, aunque no diga nada, es casi igual de emocionante que recibir un comentario inteligente o entusiasta). De hecho, y en contra de lo que acabo de decir dos párrafos más arriba –pero no me desdigo– el hecho mismo de publicar en un blog lo que se escribe, en vez de guardarlo en un cajón, implica que, en realidad, se desea ser leído. (El hecho mismo de escribir, se haga luego con lo escrito lo que se haga, ¿no implica que se desea ser leído?)

Por añadidura, con algunos de mis lectores –de algunos de los cuales soy, a mi vez, lector– he llegado a establecer una verdadera amistad, que no por ser básicamente virtual es menos sólida y fundamentada. Y algunos de mis amigos se han convertido, por el camino inverso, en lectores de este blog. ¿Puede pedírsele más a una actividad que, encima, me divierte por sí misma?

En fin, aunque es cierto que los resultados numéricos que puedo exhibir rozan lo mísero; y aunque no lo es menos que preferiría que no fuera así, también lo es que no me importa demasiado. Este blog me ha dado, me da y espero que me dé en el futuro muchas satisfacciones más importantes que un número alto de posts, de lectores o de comentarios.

La primera, la fundamental de conseguir dejar dicho algo que se tenía ganas de decir. Yo pienso en el acto de escribir y por eso para mí escribir sobre un asunto es a la vez el medio y el resultado de aclarar mis propias ideas sobre ese asunto. Una vez que he conseguido formularlas dejan de bullirme en la cabeza y me permiten desentenderme de ellas y pasar a otra cuestión. (Podría decirse que pienso escribiendo. Visto lo poco que escribo, mejor no sacar consecuencias). La conciencia de que mi proceso mental, además, va a ser leído, quizás no por mucha gente pero sí por gente que me merece mucho respeto intelectual y personal (saluden, fieles lectores míos), me obliga a ser más riguroso a la hora de documentarme, más –solo un poco, pero bueno– ponderado de lo que naturalmente tiendo a ser y también más exacto e inequívoco en la expresión de lo que quiero decir.

Luego están las satisfacciones puntuales. Tuve una enorme, por ejemplo, con el post sobre Los Encartelados, de Gonzalo Arias. Que el propio Arias llegara a leerlo, que lo hiciera en el momento en que lo hizo y que todo ello sucediera por casualidad me impresionó de un modo muy especial. En otro orden de cosas, me satisface notablemente haber dado a conocer las que considero, aunque me esté mal el decirlo, unas buenas traducciones de Brassens, con las que he disfrutado mucho. Así como haber hecho pública la única ficción que jamás he escrito y probablemente jamás escribiré, Murderking y yo, con cuya trabajosa confección me divertí tanto. Sé que no es un buen relato y ni siquiera es del todo mío, pero es, por el momento al menos, mi único relato y, en consecuencia, le tengo un tonto e innegable cariño. En general todos mis revoloteos de mente dispersa por las cuestiones dispares y generalmente irrelevantes con las que suelo perder el tiempo desde pequeño –valgan de ejemplo mis incursiones en el terreno de la música– me resultan mucho más placenteras desde que tengo esta especie de vitrina donde ponerlas todas juntas al alcance de quien las quiera mirar (y, desde que, encima, resulta que de vez en cuando hasta hay alguien que las mira).

Resumiendo: quizás precisamente porque publico tan pocos, cada post tiene algo de especial para mí, va cargado de trabajo, de cuidado, de elección de músicas y de fotos, de mí mismo. En este blog hay, esa es la cuestión, algo de mí que no está en ningún otro sitio. Mientras siga siendo así, seguirá mereciéndome la pena.

Post scriptum: Aprovecho que me ha dado por el desahogo narcisista para referirme al asunto de mis nicks. Escogí, para firmar mis comentarios por esos blogs de Dios, el nombre de Vanbrugh –un personaje de una novela de mi infancia(1) que siempre me cayó muy bien, no el arquitecto y autor teatral inglés del S. XVII– un poco al azar, porque fue el primero que se me ocurrió, y mucho antes de pensar en tener un blog propio. Lo conservé porque, una vez elegida una personalidad virtual, más vale atenerse a ella y no sembrar por la blogosfera más confusión que la imprescindible. Luego abrí un blog con mi propio nombre, y durante mucho tiempo mantuve escrupulosamente separadas mis dos actividades internéticas, la de bloguero y la de comentarista. Llegó un momento, sin embargo, en que empezaron a converger, y entonces surgió un nuevo problema: no deseaba que cualquiera pudiera identificar el nombre y el apellido con los que me paseo por el mundo ni con el nick Vanbrugh ni con el autor de lo que aparece en mi blog. No es que tenga nada que ocultar, ni ningún inconveniente en que ustedes, queridos lectores habituales, sepan cómo me llamo en el siglo, como muchos de ustedes lo saben ya. Pero hay, en cambio, alguna gente a la que conozco y trato porque no tengo más remedio –pienso fundamentalmente en algunos individuos a los que mi trabajo me constriñe a tratar con una inmerecida cortesía; y si alguno de ellos por casualidad lee esto espero que se dé por aludido– y a la cual me desagrada visceralmente imaginar siquiera leyendo estas páginas personales –del mismo modo que no quiero tampoco pensar en verlos en mi casa, o tratando con mi familia o con mis amigos: pura higiene vital–. Que esa gente pueda caer por aquí sin más que teclear en Google mi nombre civil me molesta extraordinariamente. Para evitarlo, o al menos dificultarlo en lo posible, cambié el nombre al blog, lo mudé de dominio y así surgió Júbilo Matinal como nuevo nick. Al principio traté de mantener la ficción de que Vanbrugh y Júbilo fueran dos personas distintas, pero nunca con demasiada convicción; y gradualmente fueron confundiéndose en una satisfactoria amalgama. Ahora mismo sigo siendo dos, a efectos internéticos, y aunque sería incapaz de establecer claramente cuándo soy uno y cuándo soy otro, sigue habiendo cosas que me apetece más firmar de un modo y cosas que me pide más el cuerpo firmar del otro. Algún escape hay que darle a la propia esquizofrenia y ¿por qué ibamos a dejar el monopolio de los conflictos identitarios a los nacionalistas y a la Santísima Trinidad?


___________________________________________________
(1) –
¿Alguien sabe decirme de cuál?– (No, Cigarra, tú no. Baja el dedo.)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Me modernizo

Soy torpe, pero constante; y parece que tengo una cierta intuición, y mucha suerte. Gracias a todo lo cual, he conseguido, contra todo pronóstico, mío al menos, añadir en mis entradas un cacharrito que permite escuchar música. Iré poniendo la que más me apetezca en mis entradas antiguas, a ratos perdidos. De momento, la inmediatamente anterior está amenizada por una cueca de Los Chalchaleros, que permite hacerse una idea de por qué me gusta tanto todo lo argentino. Ustedes la disfruten.

(Ahora que caigo, las cuecas son chilenas, y "Changuito lustrador", inequívocamente, una cueca. Pero, desde luego, tanto los chalchas como la palabra "chango" son, igual de inequívocamente, argentinos, y el Santiago de que habla tiene más pinta de ser Santiago del Estero, en Argentina, que Santiago de Chile. Investigaremos.)

sábado, 6 de octubre de 2007

Recompensa al bloguero pensante


El título de esta entrada se aviene mal con el contenido de la anterior, lo sé. Es una traducción del nombre de un premio, Thinking Blogger Award, que para mi estupefección acaba de conceder a este cajoncillo de sastre uno de sus improbables lectores, Miroslav Panciutti, que, aunque tiene un blog notoriamente más nutrido, interesante y bien escrito que este, llamado Conciertos y Desconciertos, que actualiza con la debida frecuencia, aún encuentra tiempo para leer a ratos el mío y, encima, tiene la amabilidad de proclamar que lo que en él encuentra le complace y le hace pensar. Es, pues, una traducción y una traducción mala sin remedio, porque a ver quién es capaz de encontrar un sinónimo castellano de "Blogger" que no suene bárbaro, como "bloguero", o cursi y forzado como cualquier posible derivado de "bitácora" al que de antemano renuncio; y porque lo de "pensante", aunque tenga el ilustre precedente de la "caña pensante" de Pascal, no acaba tampoco de satisfacerme, maniático que es uno y lleno de prevenciones contra los gerundios, los participios activos y otros lugares de perdición lingüística. Habría podido traducirlo por "Premio al bloguero que piensa", pero prefiero asumir la versión que menos me gusta y exhibir y proclamar sus defectos, a modo de expiación por las cosas terribles que tengo dichas - no son nada, al lado de las que tengo pensadas - de los traductores. Pobres y descarriados hermanos míos, ahora empiezo a comprenderos un poco mejor, y a vislumbrar que quizá no sea solo la maldad la que provoca vuestros notorios desmanes.

No tengo el gusto de conocer a Miroslav, aunque poco a poco voy conociendo su estupendo blog, pero tengo que agradecerle dos cosas importantes, aparte del disfrute que voy sacando de la lectura de sus textos.

O, mejor dicho, tres, si contamos como primera el hecho sorprendente de que me lea. El deseo de ser leído era lo que originalmente me hizo abrir el blog, pero poco a poco, por falta de satisfacción efectiva, lo había ido olvidando y vivía felizmente resignado al hecho de que mis lectores se redujeran a diez o doce amigos, que tampoco entraban muy a menudo una vez comprobaron que yo lo hacía con menos frecuencia aún. Así que descubrir que un perfecto desconocido leía mi blog y hasta me lo comentaba me supuso una emoción bastante considerable.

Más emoción aún me produjo, y ya vamos con la segunda cosa que le agradezco, comprobar que le gustaba lo que leía y que sus comentarios eran elogiosos, hasta el extremo de haber pensado en este blog cuando le llegó la hora de escoger a los cinco a los que se proponía agraciar con lo que acertadamente llama zinquin-bloguer-aguar.

Lo cual nos lleva a la tercera causa de mi agradecimiento: Miroslav me ha dado un excelente ejemplo de cómo repartir este galardón. En vez de concedérselo a cinco de los diez o doce blogs amiguetes que, como todos, él tendrá también, y contribuir así a su degradación, convirtiéndolo en un mecanismo más de la endogamia autocomplaciente que prolifera por tantos rincones de Internet, ha decidido dárselos a blogs de los que apenas sabe nada, que acaba de conocer y que se distinguen, no por recibir sus comentarios, hacérselos a él y alabarse mutuamente todos en una especie de orgía incestuosa, sino única y exclusivamente por hacerle pensar. Me parece francamente inteligente - amén, claro está, de halagador - por su parte y, en la medida de lo posible, me propongo hacer lo mismo.

Miroslav ha llevado su admirable discreción hasta el extremo de no hacer saber a los premiados que lo eran. Yo, por ejemplo, me he enterado de que tenía este premio por una comentarista, Inés Perada, - gracias, Inés - que ha sido tan amable de dejarme un comentario en el blog en el que, además de decir cosas inteligentes - quiero decir que me da la razón - me insinuaba que Miroslav hablaba de mí. Si no fuera por ella, habría seguido a por uvas hasta mi siguiente visita a Conciertos y desconciertos, que vaya usted a saber cuándo habría tenido lugar, porque estoy ocupadísimo y no frecuento ni mi blog, como para andar visitando los ajenos... No creo que yo haga lo mismo, porque si espero a que los premiados visiten mi blog para enterarse de que lo son no llegarán a saberlo jamás, y así tampoco tiene gracia. Pero salvo ese detalle, sí que me propongo hacer como Miroslav y dárselo a blogs con los que no me une más que la costumbre de leerlos de vez en cuando, porque lo que en ellos encuentro me gusta.

Bueno, al parecer la correcta recepción de este premio exige cumplir varios trámites: El primero es nombrar, a mi vez, otros cinco blogs que me hagan pensar y a los que yo, consecuentemente, otorgue el premio. (Estos galardones se extienden por Internet por este mecanismo multiplicador, lo que, salvando las distancias, los hace bastante parecidos a una epidemia, o a una de esas cadenas de cartas que no puedes romper so pena de ser despedido de tu trabajo o de romperte una pierna). Como la cuestión es bastante complicada y requiere su liturgia, la dejo para dentro de un ratito y, mientras me la pienso, sigo explicando el resto.

El segundo es, dice Miroslav, poner un link a la página original del premio, que al parecer es un blog de lengua inglesa llamado "Curiosity is the key to all wisdom" que fue quien instituyó el premio en fecha tan lejana como el pasado mes de Febrero. Puesto queda.

Y el tercero es mostrar en lugar visible la etiqueta que campea bajo el título de este post, el distintivo físico del premio, vaya; tarea que les confieso que me ha hecho pensar lo suyo antes de cumplirla con éxito. La de ponerla en un lugar permanente de mi blog me supera por completo. Mi plantilla es un libro apenas entreabierto para mí. De modo que espero que baste con su breve - no tan breve, dada la frecuencia con la que yo actualizo - exhibición en este post, porque de otra cosa no soy capaz.

Dicho lo cual, procedo a repartir mis TBA a los siguientes blogs, que recomiendo encarecidamente:

EL CLAVADISTA SOLITARIO, en el que Julián Bluff, recientemente trasplantado a Barcelona desde Madrid, publica unos personalísimos escritos, a mi juicio autobiográficos aunque él asegure que su propósito es el de engañar al lector; y que, si bien no son siempre fáciles de entender, cumplen como pocos el objetivo de hacernos pensar.

COMPLETAMENTE FUERA DE LUGAR COMO LA PIZZA TACO. Es un placer seguir la cuenta que esta andaluza que vive en Madrid va dando de su propia vida. Me permito recomendar especialmente, como buen resumen y muestra representativa, el post que hace ya tiempo dedicó al cumpleaños de su padre.

LA IMAGEN SOCIAL DEL BIBLIOTECARIO. Odd Librarian demuestra que tras el ceño adusto del bibliotecario tópico puede esconderse una inteligencia crítica muy aguda y francamente cachonda. Y ya quisieran escribir así muchos de los autores de su biblioteca.

HISTORIAS DE ESPAÑA. Un par de excelentes historiadores escribe sobre aspectos de la historia de España - y, cuando les apetece, también del resto del mundo - que normalmente no se encuentran en los manuales. Buenísima vulgarización, divertida, rigurosa y asequible.

ESTE LADO DE LA GALAXIA. Ignacio, valenciano feroz y de ideas claras, deja constancia diaria de lo mal que le parece casi todo. No es siempre fácil estar de acuerdo con él, y a veces es imposible; pero no se puede dejar de admirar su franqueza y su contundencia, y, personalmente, encontrar alguien que ha leído La saga/fuga de J.B. y la conoce a fondo me ha supuesto una satisfacción muy poco frecuente.

Postdata: No tiene nada que ver con lo hasta aquí dicho, pero aprovecho la entrada para hacer notar que, como quizás hayan advertido los más observadores de mis quince lectores, el nombre de este blog ha cambiado. ¿Por qué el nuevo nombre? Sabía que lo preguntarían. Bien, el júbilo es un sentimiento que me gusta y procuro experimentar siempre que puedo. La mañana, un buen momento para que nos visite. Y ambas cosas juntas, Júbilo matinal, son el título - en español, desde luego; el original es algo así como "Joy in the morning" - de una de las novelas con las que más he disfrutado de uno de los autores al que debo más horas de júbilo lector.




P.S.- Decir que este fragmento es la mejor música que jamás escribió Bach es tan tonto como afirmar que Bach es el mejor compositor que jamás escribió música. De acuerdo. No lo diré, pues. Pero sí que a a mi, probablemente, esta es la música que más me gusta del mundo.