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miércoles, 9 de marzo de 2016

La vida misma


Escenas de la vida real (unas más que otras)

1.- Los ferreteros son una casta intimidante. Aprendí a lidiar con ellos a los diez años, una vez que quise comprar unos tornillos para algún trabajo manual que por entonces ocupaba mis ocios. Examiné un poco abrumado las diez o doce muestras de tornillos que el demiurgo había extendido displicentemente sobre el mostrador de madera, escogí uno que me pareció adecuado y pregunté tímidamente: «¿Cuánto es la docena?» «Doce», me respondió, ingeniosísimo. Yo echaba cuentas, desesperadamente, y como no me parecía posible que una docena de tornillos costara semejante disparate de dinero, insistí: «¿Doce?» «Sí, sí, la docena son doce», remachó él, en el colmo del regocijo, y entonces caí. Me enfadó tanto su estúpido intento de reirse de mi timidez que saqué fuerzas para seguir adelante y comprar los tornillos, y desde entonces nunca me acerco a un mostrador de ferretería sin el ánimo dispuesto para la pelea. 

Un buen recurso es alardear de entrada de la propia ignorancia, exhibiéndola como una ventaja nuestra sobre su despreciable erudición. «Al fin y al cabo», se trata de que diga nuestra actitud, «tú eres el que no tiene más remedio que entender de estas cuestiones menestrales y menores. Demasiado hago yo, normalmente ocupado en más altos quehaceres, al interesarme momentáneamente por esta tu minúscula e irrelevante parcela del conocimiento».

No siempre funciona, pero ayuda a abandonar el local con cierta dignidad. 



2.- Un atardecer de abril de hace años, sentados en una terraza de una calle romana, A, una novia mía de entonces, y yo mirábamos el mundo. En una mesa cercana se sentaba, solo, un hombre de treinta y tantos o cuarenta años, elegante y bastante guapo. Yo no ví en él nada de particular, esa arrogancia masculina de los italianos que se saben guapos, si acaso. A, después de mirarle un momento en silencio, se estremeció, me agarró del brazo y me rogó con lo que me pareció verdadera angustia que nos volviéramos al hotel. No quiso explicarme nada hasta que no estuvimos lejos, y aun entonces solo me dijo que aquel hombre era «malo». «¿Pero es que lo conoces?» «No lo había visto en mi vida hasta esta tarde». «¿Pero te ha dicho algo, te ha hecho algo?» «No me ha hecho ni dicho nada, apenas me ha mirado. Pero es malo, lo noto. Es peor que malo, es... el mal». Es todo lo que fue capaz de explicarme, pero estaba verdaderamente afectada por la breve visión de aquel buen señor en el que yo apenas me fijé. Pasó los siguientes días inquieta, no acabó de disfrutar Roma, todo el tiempo parecía estar asegurándose de que no había nada malo alrededor. No volvimos a verlo y al poco nos fuimos de Roma. A no volvió a hablar nunca de aquella tarde, y cambiaba rápidamente de tema las pocas veces en que yo aludí a ella. 

(A no usaba relojes porque los estropeaba; enloquecía el cuentarrevoluciones de su coche hasta que renunció a seguir llevándolo a arreglar, y quitaba a sus amigas el dolor de cabeza colocándoles las manos encima. Era agnóstica, psicóloga e incapaz de entender el problema más elemental de la persona más diáfana que tuviera al lado sin complicarlo hasta la ininteligibilidad con alguna teoría mal aplicada de algún manual de su Facultad...) 


3.- En una tienda de una ciudad manchega asistí a una escena muy edificante. Un cliente se sentía estafado y discutía acaloradamente con la dueña, una gorda plácida que escuchaba impertérrita las quejas y los argumentos. El hombre quería, con razón por lo que pude enterarme, que le devolvieran su dinero, y la tendera, sin perder la calma, se negaba en redondo. La cuestión se fue agriando y el cliente, cada vez más frustrado, pasó a los insultos. La llamó ladrona, estafadora, sinvergüenza y choriza sin que a ella le cambiara el gesto, ni respondiera más que con fórmulas corteses, ni dejara de sonreir ni, por supuesto, devolviera una sola peseta. Pero cuando, exasperado, se le ocurrió llamarla gorda... entonces ella se descompuso, salió de detrás de su mostrador clamando que qué se había creído y le echó de la tienda sin más contemplaciones. Era gorda, evidentemente, y me dio toda la impresión de que también un poco ladrona, sinvergüenza y estafadora. Sin embargo que le llamaran esto último no le importaba, debía de considerarlo una opinión discutible pero respetable. En cambio lo de gorda, que era un hecho obvio e incuestionable, no fue capaz de encajarlo con la misma paz.


 
Georges Brassens - Tonton Nestor. Versión libre en español de Júbilo Matinal (Tío Pascual)
(Para estudiar la excelente versión española con más detalle, pinchar aquí)

4.- Es conocido, o debería serlo, el dato verídico –inventado por mí mismo hace solo un rato, de hecho– de que los churros de la madrileña chocolatería de San Ginés los hacen en un polígono industrial del valle del Yang Tse. El mismo en el que precocinan la butifarra amb mongetes que se sirve en la mitad de los bares de carretera de Cataluña. Concretamente en una fábrica que montó hace ya años, con una subvención de Asuntos Exteriores para la expansión empresarial española, un industrial de Mataró. Un ciudadano ejemplar, de la ejecutiva provincial de Convergència, aunque hace años que vota en secreto a Esquerra, porque, cuando su primogénito estuvo a punto de afiliarse al PP, él le prometió a la Moreneta hacerlo así si curaba el españolismo de su pobre hijo. La Virgen atendió su ruego, él dedicó devotamente su voto a los republicanos y el muchacho se fue a vivir a Rentería y se hizo nacionalista vasco. Hasta lo detuvieron en Hendaya una vez, por seguir a un empresario francés, precisamente el socio de su padre en la fábrica china. El francés se molestó un poco, pero el padre andaba muy orgulloso de la iniciativa de que daba muestras su chaval. 

Como suele ocurrir con los milagros realmente útiles, la intervención mariana tuvo lugar a través de mediaciones puramente humanas, concretamente del Servicio de Salud Vasco, Osakidetza o algo así, creo que se llama. Sucedió de este modo: su padre lo matriculó en Deusto, para alejarlo de la pija rubia del PP que le traía a mal traer. El cambio de clima, la abstinencia sexual, el chiquiteo y la poca costumbre de estudiar le provocaron tremendos dolores de cabeza, y acudió a Urgencias (Larrialdiak, para ser exactos), en donde se produjo una pequeña confusión: le desviaron por error al Programa de Normalización de Tallas de Txapelas y allí, en cumplimiento del protocolo previsto a tan eusquérica finalidad, le extirparon el lóbulo frontal del cerebro, la parte de la corteza cerebral donde radican la empatía y el pensamiento abstracto; perfectamente superflua, vamos. Tras cuya operación dejó los estudios, se mudó a Guipúzcoa y entró en contacto con unos abertzales muy simpáticos, que dieron un nuevo sentido a su vida. 

Como él mismo decía a quien le quería oir: los caminos del Señor, oyes, que son muy suyos, joder, me cago en la hostia, pues. (Porque desde que Nuestra Señora le volvió al buen camino se hizo bastante meapilas, también).

martes, 2 de abril de 2013

Manías léxicas



Palabras cretinas .- No sé si a ustedes les pasa, pero a mí hay palabras que debieron de mirarme mal la primera vez que me las crucé, me entraron por el ojo izquierdo y desde entonces me caen irremisiblemente gordas, sin ningún motivo que pueda defender decentemente. No las uso jamás y me producen una especie de respingo interior cada vez que me las encuentro usadas por otro.

Una página del Heimskringla, colección
de sagas de las de verdad.
Me pasa con saga, por ejemplo. Las sagas eran hasta hace unos años unos inofensivos poemas épicos de la Islandia medieval de los que, como mucho, uno oía hablar en las clases de literatura del bachillerato. Y nada más. Pero por algún camino misterioso la palabra se ha convertido de repente en una especie de comodín ambiguo y de amplio espectro, un impreciso sinónimo a la vez de serie, dinastía, familia, colección... Y así ahora si la familia Pérez da tres funambulistas de cierto renombre, nadie la libra de ser, a todos los efectos, la saga de los Pérez. Si una novela cuenta las aventuras de un padre y a continuación las de su hijo, deja de ser una simple novela para convertirse en una saga familiar. Si, obtenido un éxito con el primer relato protagonizado por el detective Fernández, a su autor le da por escribir el segundo, lo que está escribiendo, quiéralo o no, será la saga de Fernández... No se me ocurre qué definición de saga mínimamente coherente y compatible con todos estos dispares empleos podrían dar sus entusiastas usuarios, y lo más probable es que a ellos tampoco;  pero esta dificultad no parece suponerles ningún obstáculo para emplearla a troche y moche, al revés, se diría que los estimula. Debe de sonarles bien, o de parecerles culto, o algo. Yo confieso que a mí me pone bastante nervioso.

Me pasa con otras. Con decantar, por ejemplo, que de ser una cosa que se hacía con el vino para quitarle los posos se ha convertido en una fórmula casi ineludible para referirse a la elección. Antes uno opinaba, prefería, decidía, escogía, elegía, se inclinaba por; ahora se decanta. Todo el mundo. Menos yo, que sigo reservando la palabra para las raras veces en que separo dos líquidos de distinta densidad.

O con inmerso, palabra que cada vez que me la encuentro me deja con la misma duda: ¿qué hay que hacer para llegar a estar inmerso, inmergirse?

O con implementar, de la que no solo nunca he llegado a saber qué quiere decir, sino que sospecho seriamente que lo que pasa es que no quiere decir nada.

O con la analítica que te ordenan los médicos cuando lo que en realidad quieren es que te hagas unos análisis. Me hace el mismo efecto que si, para pedirte que le alcances un mapa, alguien te dijera: ¿me acercas la cartográfica, por favor?

O con poderosamente, el adverbio de uso más restringido y especializado que conozco. ¿Alguien lo ha visto alguna vez acompañando a otro verbo que a llamar la atención? Yo, jamás. Ninguna otra cosa más que llamar la atención se hace poderosamente. Ahora bien, no hay apenas atención que cuando es llamada, no lo sea con asistencia del adverbio en cuestión. ¿A ustedes no les llama la atención? ¿No les llama poderosamente la atención?

En fin, me pasa, como ven, con bastantes palabras, y eso que no he citado más que las que recuerdo en este momento, y que casi seguro me he dajado más de una en el tintero. Son manías, lo comprendo, completamente irracionales y arbitrarias, y que no puedo argumentar seriamente. Lo más que puedo decir en su defensa es que reservar nuestra hostilidad irracional para las palabras que nos parecen cretinas nos da un cierto margen de tolerancia para con los cretinos de carne y hueso.

Aunque ahora que lo pienso esto último no es aplicable a la que más me irrita de todas: reto. Cada vez que oigo a alguien hablar de sus objetivos como de retos comprendo que, sépalo o no, la cuestión a que se refieren esos objetivos le importa mucho menos que él mismo, su capacidad de alcanzarlos y su necesidad de demostrar esa capacidad. Alguien habla, por ejemplo, del reto de acabar con el hambre en el mundo y lo que le oigo yo decir, en estricta aplicación del significado objetivo de la palabra reto, es que lo que le interesa no es tanto que llegue a no haber nadie que se muera de hambre como ser él quien lo consiga. ¿Por qué, si no, lo llama reto y no, como sería lógico, tarea, proyecto, propósito, meta, objetivo, necesidad, deber, obligación..?


Soy muy maniático, lo comprendo, y en cuanto aparece en el discurso la palabra reto –que, con este uso, es para mí el prototipo de palabra cretina–, proyectando su potente foco sobre el ego de quien la usa y supeditando a él cualquier cuestión que no sea su admirable capacidad de enfrentar y superar retos, no puedo evitar pensar que probablemente sea un poquito cretino también él.


* * * * *


Grave problema traductor: de tú, de usted o 'señor' a secas.- He aprovechado esta Semana Santa para volver una vez más a Bertram Wooster. (Si no lo fueran todas, las vacaciones serían la mejor época para leer o releer a Wodehouse, una vacación en sí mismo). Pero esta vez lo he tenido que dejar a medias, porque he dado con una detestable edición de los setenta que andaba perdida por mis estantes, creo que de Bruguera pero no quisiera difamar a nadie, en la que, amén de otras anomalías más o menos sobrellevables, Bertie tuteaba a Jeeves. Y eso ya sí que no se puede sobrellevar en absoluto.

En inglés no existe la distinción entre 'tú' y 'usted'. Cabe interpretar esto como que todo el mundo se tutea, o como que todo el mundo se habla de usted. Dado que el 'you' que usan para la segunda persona del singular es el mismo que usan para la segunda persona del plural, yo me inclino por la segunda opción, es decir, que se hablan todos de 'vos', lo que tanto en el castellano antiguo como en el francés actual es el tratamiento de respeto, equivalente a nuestro 'usted' (no así en el argentino moderno, en el que el 'vos' es un tuteo de confianza).

Jeeves y Wooster dibujados por Peter Gray
Pero la cuestión no es esa, claro, sino que la distinción entre los modos verbales más respetuosos y formales y los más familiares y confianzudos, que en francés y en castellano estriba en la persona verbal que utilizas al dirigirte a tu interlocutor, en inglés se basa en otras convenciones –'Yes, I do', 'Sir', empleo de tratamientos, uso del apellido en vez del nombre de pila, etc– pero no por ello deja de existir. Y los anglohablantes bien educados, como las personas bien educadas en cuaquier otro idioma, para dirigirse a la servidumbre emplean siempre estos modos más formales. Si a Bertie Wooster, que tendrá otros defectos pero está muy bien educado, se le pasara siquiera por la cabeza dirigirse a Jeeves de otro modo que del más respetuoso y formal, Jeeves se despediría en el acto, y haría muy bien. Eso es lo que tendría que haber hecho el editor con el traductor, despedirlo, en cuanto leyó el primer sacrílego tuteo de Wooster a Jeeves, y eso es lo que hice yo con el libro después de un ratito de tratar de sustituir mentalmente todos los verbos mal traducidos. Era demasiado sobresalto, demasiado esfuerzo, y me echaba demasiado a perder el disfrute lector.

Porque esa es, precisamente, la labor del traductor, encontrar en el idioma de llegada los mecanismos equivalentes a los que el autor usó en el idioma de salida, y no dar por supuesto que han de ser los mismos, y que si en el original inglés no hay distinción entre tú y usted tampoco ha de haberla en su traducción española. Alguien debería habérselo explicado así al traductor de mi libro.

Y ya puestos, podría explicarle también –a él y a muchos otros, y no solo traductores, porque, por contagio de las películas y de las series mal traducidas del inglés esta tontería del 'señor' empieza a proliferar también en series y películas españolas– que ese 'Sir' que en inglés usan los subordinados para dirigirse a sus jefes, en español muy rara vez debe ser traducido por 'señor'. De hecho, solo en el caso, ya casi solo histórico, de criados que se dirijan a sus patronos, y aún así, sin abusar, y solo si la historia transcurre hace más de treinta o cuarenta años. (Aquí mi traductor no peca, o lo hace solo por ligero exceso: por cada dos 'Sir' del original él debería haber dejado un solo 'señor', como media). Lo correcto, en la mayoría del resto de casos, es no traducirlo, suprimirlo, directamente. Quien en inglés llama a alguien 'Sir', en español debe, sencillamente, hablarle de usted.

Al menos en el español de España –y enuncio aquí una regla que no he visto nunca formulada en ninguna parte, pero que me parece de innegable vigencia– el vocativo 'señor', a secas, sin ir seguido de un cargo o de un apellido, se usa estrictamente para cuatro cosas:
  • Para invocar a Dios al rezar.
  • Para llamar a voces la atención de un transeúnte al que se le acaba de caer la cartera.
  • Para dirigirte al Rey, si te ves en trance tan penoso y no te apetece decir esa ridiculez de 'majestad'.
  • Para apostrofar a los desconocidos cuando regañas con ellos.
 Y pare usted de contar. En España no llamamos a nadie 'señor' más que en estos cuatro casos, y ni en uno más.

Y ni en uno más, insisto. Tampoco a los militares se les llama 'señor', aunque quede tan bonito en las películas de marines. Esa necia fórmula, 'Sir, yes, Sir', con la que al parecer deben responder a sus mandos los miembros de la infantería de marina de los EEUU, no puede ser traducida, lamentablemente, más que con la correspondientemente necia 'Señor, sí, señor'; y tal circunstancia ha generalizado la idea de que semejante gilipollez pueda ser usada también en otros regimientos de otros países. Afortunadamente, no es así. A los mandos del ejército español se les llama mi sargento, mi capitán o mi general, si uno es militar bajo sus órdenes, o sargento, capitán o general, a secas y sin posesivo, si uno es su superior o su igual. Y si uno está en el caso mayoritario de no ser militar, con el 'usted' van que chutan, como los médicos, los mendigos, las amas de casa y los funcionarios de correos. Y los ayudas de cámara.

Todo esto es español básico, creo, no hace falta haber estudiado nada especial para saberlo, basta con hablar español todos los días. Con saber español, vaya. Pero los traductores se caraterizan, y eso con suerte, por conocer el idioma del que traducen. El idioma al que traducen, por lo que se ve, ni con suerte.

domingo, 3 de marzo de 2013

Mala hierba

Hace un par de semanas recibí un correo de los que me gustan. Me lo mandaba cccouto, amiga y bloguera que tiene aquí al lado, en Word Press, un blog espléndido, La Rama de Oro,  y me decía que quería publicar un post sobre malas hierbas, y acompañarlo con la canción La mauvaise herbe, de Brassens. ¿No estaría, me preguntaba, entre las que yo he traducido, para así colgar mi traducción?

No estaba, no. Debe de hacer veintitantos años que que hice mi última traducción de Brassens, y aunque recordaba haberlo intentado con esta, también recordaba que nunca pasé del estribillo. Así se lo dije a mi amiga, le dí mil gracias por pensar en mí y en mis traducciones y me olvidé del asunto.

O eso creía, pero a la mañana siguiente me desperté con la cancioncilla en la cabeza. Era sábado y mientras me duchaba, mientras paseaba al perro... mientras hacía todo lo que hago los sábados, mi sesera, en la trastienda, no paró en todo el día de darle vueltas al texto francés, intentando versiones españolas que rimaran, cupieran en los versos de la canción, se ajustaran a su ritmo y vinieran a decir algo más o menos parecido. En estas ocasiones me vuelvo más bien obsesivo aunque, felizmente, conservo cierta capacidad de fingir al menos que me ocupo de otras cuestiones, mientras la maquinaria mental busca compulsivamente paráfrasis que encajen sin excesivos chirridos en la intención de Brassens y en la estructura y ritmo de su música y, encima, rimen donde deben hacerlo. Como la canción tiene solo tres estrofas cortitas, y el estribillo es casi el mismo para todas, al final del día  la tenía traducida entera y mandé a cccouto una primera versión. Le pareció bien y me hizo unas cuantas observaciones inteligentes –resulta tan agradable como poco habitual tener con quién comentar el laborioso proceso de traducir versos, discutir matices, estudiar alternativas...–  de modo que seguí con ello, y un par de días después, tras cruzar unos cuantos y muy satisfactorios correos más, le envié la que decidí que fuera la versión definitiva, para no pasarme otros seis meses cambiando un día una palabra aquí y otro día un verso allá, como es mi tendencia natural.

Aquí tienen ustedes el resultado, cuya primicia se acaba de publicar. La canción cantada por Brassens, en primer lugar, y la letra francesa junto con mi traducción, a continuación. La primera que hago en veintimuchos años. Ha sido un placer volver a mis vicios juveniles y le agradezco a cccouto que me haya dado el empujoncito necesario, además de la inteligente atención prestada a mis obsesiones traductoras.


Georges Brassens - La mauvaise herbe


LA MAUVAISE HERBE

Quand le jour de gloire est arrivé
comme tous les autres étaient crevés
moi seul connus le déshonneur
de ne pas être mort au champ d'honneur

Je suis de la mauvaise herbe,
braves gens, braves gens.
C'est pas moi qu'on rumine
et c'est pas moi qu'on met en gerbes.
La mort faucha les autres,
braves gens, braves gens,
et me fit grâce à moi,
c'est immoral et c'est comme ça.
La, la , la…
Et je me demande pourquoi, bon Dieu,
ça vous dérange que je vive un peu.

La fille à tout le monde a bon coeur,
elle me donne au petit bonheur
les petits bouts de sa peau, bien cachés
que les autres n'ont pas touchés.

Je suis de la mauvaise herbe,
braves gens, braves gens,
c'est pas moi qu'on rumine
et c'est pas moi qu'on met en gerbes.
Elle se vend aux autres,
braves gens, braves gens,
elle se donne à moi,
c'est immoral et c'est comme ça.
La, la, la…
Et je me demande pourquoi, bon Dieu,
ca vous dérange qu'on m'aime un peu.

Les hommes sont faits, nous dit-on,
pour vivre en bande, comme les moutons.
Moi, je vis seul, et c'est pas demain
que je suivrai leur droit chemin.

Je suis de la mauvaise herbe,
braves gens, braves gens,
c'est pas moi qu'on rumine
et c'est pas moi qu'on met en gerbes.
Je suis de la mauvaise herbe,
braves gens, braves gens,
je pousse en liberté
dans les jardins mal fréquentés.
La, la, la…
Et je me demande pourquoi, bon Dieu,
ça vous dérange que je vive un peu.


LA MALA HIERBA

El día de gloria al fin llegó
y todo el mundo la diñó.
Solo yo tuve el impudor
de no morir lleno de honor.

Yo soy muy mala hierba,
sí, señor, sí, señor.
De mí nadie hace pasto
ni me junta a su gavilla.
La muerte llevó a otros,
sí, señor, sí, señor,
y a mí me perdonó,
qué quiere usted que le haga yo.
La, la, la…
Que siga vivo, yo no sé
a quién le estorba, ni por qué.

La chica es de buen corazón
y pone a mi disposición
encantos que a otros, tras pagar,
no les permite ni mirar.

Yo soy muy mala hierba,
sí, señor, sí señor,
de mí nadie hace pasto
ni me junta a su gavilla.
Lo que a todos se vende,
sí, señor, sí, señor,
se me regala a mí,
es inmoral, pero es así.
La, la, la…
Que alguien me quiera, yo no sé
a quién le ofende, ni por qué.

Como borregos, los hombres van
siempre en rebaño con su clan.
Yo voy por libre, y dudo que
me haga jamás ningún carné.

Yo soy muy mala hierba,
sí, señor, sí, señor,
de mí nadie hace pasto
ni me junta a su gavilla.
Yo soy muy mala hierba,
sí, señor, sí, señor,
florezco en libertad
y en no muy buena sociedad.
La, la, la…
Que viva a mi aire, yo no sé
a quién molesta, ni por qué.

martes, 24 de noviembre de 2009

Al amor del marido

Sé poco de la vida privada de Georges Brassens. En parte porque soy poco fetichista, de los literatos me interesa la literatura, de los músicos la música y de Brassens, las canciones, esa magnífica mezcla de ambas cosas; sus anécdotas, sus cotilleos y sus características personales, en cambio, me interesan muy poco, solo en la medida, que creo escasa, en que me sirvan para entender mejor las canciones y disfrutarlas más. Y en parte porque Brassens fue siempre un hombre discreto que eludió la notoriedad y mantuvo siempre su intimidad fuera de la luz pública.


Georges Brassens - Les trompettes de la renommée

Hay una estupenda canción, Les trompettes de la renommée, Las trompetas de la fama, en la que hace declaración explícita de principios a este respecto y dice que se niega a dar tres cuartos al pregonero ("les crier sur les toit et sur l'air des lampions") acerca de las cuestiones que considera de su intimidad, a pesar de los consejos de los enterados: "Les gens de bon conseil ont su me faire comprendre qu'à l'homme de la rue j'avais des comptes à rendre, et que, sous peine de choir dans un oubli complet, je devais mettre au grand jour tous mes petits secrets". ("Gentes de buen consejo me han hecho comprender que tengo que rendir cuentas al hombre de la calle y que, so pena de caer en un completo olvido, debo sacar a la luz mis pequeños secretos"). (¡Y esto lo decía en 1962, cuando las revistas del corazón empezaban a asomarse apenas a los escándalos de los famosos con lo que hoy juzgaríamos una delicadeza exquisita y no se habían inventado aún los programas televisivos de carnaza!) Pero él lo tenía muy claro: "À toute exhibition ma nature est rétive, souffrant d'une modestie quasiment maladive, je ne fais voir mes organes procréateurs à personne, excepté mes femmes et mes docteurs". ("Mi naturaleza es contraria a toda exhibición y, como sufro de una modestia casi enfermiza no dejo ver mis órganos procreadores a nadie, excepto a mis mujeres y a mis médicos"). De modo que la conclusión es tajante: "Refusant d'acquitter la rançon de la gloire, sur mon brin de laurier je m'endors comme un loir". ("Negándome a pagar el precio de la gloria, me duermo como un lirón sobre mi ramo de laurel").


Georges Brassens - À l'ombre des maris

Todo esto viene a cuento de la canción que hoy traigo, Á l'ombre des maris, literalmente A la sombra de los maridos, aunque yo la he traducido, con lo que inmodestamente considero un buen hallazgo, por la anfibológica expresión Al amor del marido, que a la vez alude al afecto que, en sus adulterios, dice haber desarrollado por los maridos de las interesadas, y a la cómoda situación en que se siente "a su amor", es decir, cerca de ellos y disfrutando de su compañía, igual que se está "al amor" de la lumbre. Porque esa es la tesis de la canción, que el amor adúltero es el mejor precisamente por el encanto que le presta el desarrollarse al amor del marido.

No sé, como digo, cuáles ni cuántos fueron los adulterios de Brassens en la práctica, ni si, efectivamente, desarrolló en ellos la estupenda relación con los correspondientes maridos que describe en la canción (...son mari et moi, c'est Oreste et Pylades), pero la teoría me parece francamente cachonda, una manera sumamente conyugal y doméstica de entender lo que en principio parece un ataque frontal contra las virtudes domésticas y conyugales, que queda perfectamente resumida en el estribillo: Ne jettez pas la pierre à la femme adultère, je suis derrière..! ¡No tiréis piedras a la mujer adúltera, que estoy yo detrás..!

(Hoy estoy poco modesto, así que permítanme otra observación sobre las virtudes de mi traducción: la estrofa original francesa es un serventesio alejandrino, es decir, cuatro versos de catorce sílabas que riman en consonante ABAB. Yo he introducido en los versos primero y tercero una nueva rima interior al final del primer hemistiquio o, lo que es lo mismo, los he dividido en dos versos de siete sílabas, por lo que en mi versión española cada estrofa tiene cuatro versos de siete sílabas y dos de catorce, que riman ABCABC. Así soy de chulo...)

En fin, el resultado es este, júzguenlo ustedes mismos:

AL AMOR DEL MARIDO

No se sorprenda usté
si afirmo claramente
que, si fuera bombero, me iría a salvar,
en cualquier caso de
catástrofe inminente,
las esposas infieles en primer lugar.

No tire piedras, no,
a la mujer que pecó,
detrás estoy yo...
Porque para calmar
mis ardientes afanes
de pobre solitario sediento de amor,
nada puedo encontrar
mejor que los desmanes
que una adúltera esposa comete en mi honor.

Usted actúe, pues,
como mejor entienda;
pero yo, por mi parte, puedo asegurar
que el adulterio es
una cosa estupenda,
y un marido en mi amor nunca debe faltar.

Pero ¡mucha atención,
pues no cualquiera vale!
Es preciso elegir, escoger, mirar bien.
Si busco amores con
la señora González,
miro a ver si González me gusta también.

Lo mejor es que el tal
me caiga bien de entrada.
Cuando así no sucede, no hay nada que hacer.
Yo soy muy especial
y no me gusta nada
con cualquier infeliz compartir la mujer.

Cuando no era más que un
jovenzuelo inexperto,
con mujeres de polis derroché mi amor.
Yo no tenía aún
el buen gusto despierto,
hace tiempo que ya no cometo ese error.

Quizá me paso de
exigente, pero estimo
que el marido ha de ser un sujeto cabal,
pues al final sé que
siempre con él intimo
de tanto compartir el lecho conyugal.

Un buen marido da
mucho encanto a la cosa.
Hay marido tan bueno, tan tierno, tan fiel,
que incluso cuando ya
no se quiere a su esposa
hay que fingir que sí, por quedar bien con él.

Ese es mi caso actual.
Solo apenas consigo
cumplir mi obligación con su horrible mujer,
pero estaría mal
desairar a un amigo,
y, por no disgustarle, no puedo romper.

Encima de que no
me gusta, ella me engaña,
y cuando yo, furioso, me enfrento a los dos
"¡Ya basta! ¡Se acabó!"
-vocifero con saña.
Y él me suplica: "¡No, no nos deje, por Dios!"

Al ratito después
de nuevo estamos tiernos.
Yo le digo: "Es usted mi cornudo mejor."
Y él responde, cortés:
"Entre todos mis cuernos,
los que me ha puesto usted son mi timbre de honor."

Así que sigo allá,
y cuando la muy fresca
se retrasa por culpa de algún nuevo amor,
y la chacha no está,
y él se ha marchao de pesca,
el que cuida a los niños es un servidor.
À L'OMBRE DES MARIS

Les dragons de vertu
n'en prennent pas ombrage,
si j'avais eu l'honneur de commander à bord,
à bord du Titanic
quand il a fait naufrage,
j'aurais crié: "Les femmes adultères d'abord!"

Ne jetez pas la pierre
à la femme adultère,
je suis derrière...
Car, pour combler les voeux,
calmer la fièvre ardente
du pauvre solitaire et qui n'est pas de bois,
nulle n'est comparable
à l'épouse inconstante.
Femmes de chefs de gare, c'est vous la fleur d'époi.

Quant à vous, messeigneurs,
aimez à votre guise,
en ce qui me concerne, ayant un jour compris
qu'une femme adultère
est plus qu'une autre exquise,
je cherche mon bonheur à l'ombre des maris.

À l'ombre des maris,
mais cela va sans dire,
pas n'importe lesquels, je les trie, les choisis.
Si madame Dupont,
d'aventure, m'attire,
il faut que, par surcroît, Dupont me plaise aussi!

Il convient que le bougre
ait une bonne poire,
sinon, me ravisant, je détale à grands pas,
car je suis difficile
et me refuse à boire
dans le verre d'un monsieur qui ne me revient pas.

Ils sont loins mes débuts
où, manquant de pratique,
sur des femmes de flics je mis mon dévolu.
Je n'étais pas encore
ouvert à l'esthétique,
cette faute de goût je ne la commets plus.

Oui, je suis tatillon,
pointilleux, mais j'estime
que le mari doit être un gentleman complet,
car on finit tous deux
par devenir intimes
à force, à force de se passer le relais.

Mais si l'on tombe, hélas!
sur des maris infâmes…
Certains sont si courtois, si bons si chaleureux,
que, même après avoir
cessé d'aimer leur femme,
on fait encor semblant uniquement pour eux.

C'est mon cas ces temps-ci,
je suis triste, malade,
Quand je dois faire honneur à certaine pécore,
Mais, son mari et moi,
c'est Oreste et Pylade,
Et, pour garder l'ami, je la cajole encore.

Non contente de me
déplaire, elle me trompe,
et les jours où, furieux, voulant tout mettre à bas,
je crie : "La coupe est pleine,
il est temps que je rompe!"
le mari me supplie : "Non, ne me quittez pas!"

Et je reste, et, tous deux,
ensemble on se flagorne.
Moi, je lui dis : "C'est vous mon cocu préféré."
Il me réplique alors :
"Entre toutes mes cornes,
celles que je vous dois, mon cher, me sont sacrées."

Et je reste et, parfois,
lorsque cette pimbêche
s'attarde en compagnie de son nouvel amant,
que la nurse est sortie,
le mari à la pêche,
c'est moi, pauvre de moi, qui garde les enfants.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Un gorila suelto



Georges Brassens
- Le Gorille

De todas las canciones de Brassens probablemente sea “Le gorille”, “El gorila”, escrita en 1952, la más representativa, la que a un francés medio le viene antes a la cabeza cuando piensa en su autor. Brilla en ella su humor rebelde, iconoclasta y un tanto feroz y concitó como ninguna la habitual reacción indignada de la sociedad bienpensante ante sus provocadoras boutades. Él mismo la citó en una canción posterior (1960), "Le mécréant", "El descreído", en la que cuenta cómo, deseando tener la fe de su carbonero, "que es feliz como un papa y gilipollas como un cesto", y aconsejado por su vecino de abajo, "un tal Blas Pascal", decide, tras "rezar e implorar de rodillas", "hacer como si creyera, para así acabar creyendo". Se "traviste" "una sotana de su talla" y se echa al mundo a cantar, "en busca de la fe salvadora". Encuentra a un grupo de "pestes de sacristía" que, tomándole por un cura, le ruegan que les cante "alguna canción santa, de la que tenga el secreto". Él les canta "Le gorille" y "Putain de toi", tras de lo cual le persiguen, indignadas, para "hacerle sufrir el suplicio de Abelardo". Lo salva de la castración la intervención de una "dama de la caridad". Con el argumento de que no es cosa, habiendo tantos hombres que tienen "la perversa inclinación de tomar a Cupido por el otro lado", de arrancar sus atributos a los pocos que aún los utilizan convenientemente, convence a las beatas, que le despiden entre ovaciones. Pero él, escarmentado, renuncia a "dar un paso más en el camino del Cielo: o la fe viene por sí misma, o no vendrá de ninguna manera." La canción merecería un post por sí sola, pero la cito aquí porque muestra cómo el propio Brassens no encontró mejor ejemplo que El gorila cuando quiso resumir la clase de canciones que él cantaba y las reacciones que provocaban.


En la intención expresa de Brassens se trataba, fundamentalmente, de un alegato contra la pena de muerte, que en Francia no fue abolida hasta el 9 de Octubre de 1981, veinte días antes de morir él.
“En réalité, je me suis engagé. Seulement, les mauvais esprits ou ceux qui sont dépourvus d’esprit ne s’en sont pas aperçus. Pour que les gens un peu imbéciles s’imaginent que vous êtes engagé, il faut que vous énonciez des faits, il faut que vous leur disiez, voilà : "je suis contre la peine de mort". Moi, je n’ai pas dit "je suis contre la peine de mort", j’ai écrit Le gorille.”

(“En realidad sí que he tomado partido. Sólo los malintencionados o los tontos no se han dado cuenta. Para que los que son un poco imbéciles se enteren de que tomas partido tienes que anunciarlo, tienes que decirles, por ejemplo: “estoy en contra de la pena de muerte”. Yo no he dicho “estoy en contra de la pena de muerte”, yo he escrito Le gorille.”)
Con estas palabras Brassens refutaba una de las acusaciones que con más frecuencia se le hicieron, particularmente desde la izquierda: la de no "tomar partido" ("s'engager"), la de ser un irresponsable anarquista que rehusaba el compromiso con mundo real y se mantenía al margen de los problemas más o menos políticos de la gente. Y de paso aclaraba, con el ejemplo de El gorila, que la intrascendencia burlona de sus canciones era solo aparente y, lejos de ser indiscriminada ni arbitraria, obedecía a una postura previa, no menos decidida por no ser explícita.

Yo sospecho, sin embargo, que aunque esto sea fundamentalmente cierto, no es del todo como él lo cuenta. Sin duda Brassens estaba contra la pena de muerte y sin duda sus canciones traslucían sus opiniones y sus posturas, en este y en muchos otros terrenos; pero no creo que escribiera Le gorille como manifiesto político contra la pena de muerte, ni que ninguna otra de sus canciones obedezca a un propósito previo ni programático. Lo suyo no era, pienso, la "canción protesta" ni la literatura militante y, del mismo modo que el gorila no sodomizaba jueces para castigarlos por su injusticia, sino porque se lo pedía el cuerpo, él no escribía canciones para difundir consignas, sino porque disfrutaba con ello. Como su gorila, Brassens siempre fué por libre.


Hace un montón de años que yo traduje Le gorille y, a mi vez, no me movía tanto el deseo de ser fiel al original francés como el de divertirme y hacer una canción "cantable". Suprimí por eso la alusión final a la pena de muerte, que en la España de los ochenta no era cuestión que viniese muy a cuento, y la sustituí por la más candente de la benevolencia de algunos jueces hacia el machismo y las violaciones. En fin, aquí tienen ustedes mi versión, puesta en paralelo con la original. Disfrútenlas. (El retrato de Brassens es del artista francés Gondo. La mano con pipa del gorila es también suya, superpuesta a la foto por mi.)


EL GORILA

Con la conciencia muy tranquila
las mujeres del poblachón
contemplaban al gran gorila,
que se estiraba en su jaulón.
La impudicia de las comadres
las llevaba justo a mirar
aquellas partes que mi madre
no me permite aquí nombrar.

¡Ojo al gorila!

De repente se abrió el seguro
que encerraba al gran animal,
no sé por qué, aunque me figuro
que lo habrían cerrado mal.
El gorila escapó rugiendo:
“¡Voy a perderla de una vez!”
Como ya estaréis suponiendo
hablaba de su doncellez.

¡Ojo al gorila!

“¡Atención, despejen la zona!”
- comenzó el guardián a gritar
“¡Que nunca ha conocido mona
y se va a querer estrenar!”
Cuando la femenina audiencia
conoció dicha condición,
mostró bastante más prudencia
que entusiasmo ante la ocasión.

¡Ojo al gorila!

Hasta la que con más vehemencia
le admiró la virilidad
huyó, probando su incoherencia
y su falta de seriedad.
Su conducta muy mal se explica,
pues el gorila hace el amor,
como bien saben muchas chicas,
mejor que el hombre, mucho mejor.

¡Ojo al gorila!

Todo el mundo buscó enseguida
escapar del simiesco ardor
salvo una anciana desvalida
y un juez joven y emprendedor.
Viendo que todos le esquivaban
el gorila, con rapidez,
se dirigió a donde se hallaban
la abuelita y el señor Juez.

¡Ojo al gorila!

“Hay que ver” – suspira la vieja.
“Hoy va a ser la primera vez
que alguien me quiera por pareja
desde mil novecientos diez...”
Mientras tanto el juez reflexiona:
“No es posible que este animal
me confunda con una mona...”
Pero había previsto mal.

¡Ojo al gorila!

Suponer no nos cuesta nada:
Si tuvierais también que optar
entre un juez y una antepasada
¿cuál de los dos querríais violar?
Yo confieso de buena gana
que, de hallarme ante tal opción,
sin dudarlo sería la anciana
el objeto de mi elección.

¡Ojo al gorila!

Por desgracia este noble bruto,
que en el amor es un campeón,
no se distingue en absoluto
por su buen gusto ni educación,
Y, así, en vez de elegir la vieja,
como haríamos usté o yo,
agarró al juez por una oreja
y tras un seto se lo llevó.

¡Ojo al gorila!

Lástima que lo allí ocurrido
no me dejen aquí exponer,
pues nos habríamoss reído,
y eso siempre es de agradecer.
Sí diré, de todas maneras,
que el Juez ya siempre penó con
sentencias duras y severas
los delitos de violación.

¡Ojo al gorila!
LE GORILLE

C'est à travers de larges grilles,
Que les femelles du canton,
Contemplaient un puissant gorille,
Sans souci du qu'en-dira-t-on.
Avec impudeur, ces commères
Lorgnaient même un endroit précis
Que, rigoureusement ma mère
M'a défendu de nommer ici...

Gare au gorille !...

Tout à coup la prison bien close
Où vivait le bel animal
S'ouvre, on n'sait pourquoi. Je suppose
Qu'on avait du la fermer mal.
Le singe, en sortant de sa cage
Dit "C'est aujourd'hui que j'le perds !"
Il parlait de son pucelage,
Vous aviez deviné, j'espère !

Gare au gorille !...

L'patron de la ménagerie
Criait, éperdu : "Nom de nom !
C'est assommant car le gorille
N'a jamais connu de guenon !"
Dès que la féminine engeance
Sut que le singe était puceau,
Au lieu de profiter de la chance,
Elle fit feu des deux fuseaux !

Gare au gorille !...

Celles là même qui, naguère,
Le couvaient d'un œil décidé,
Fuirent, prouvant qu'elles n'avaient guère
De la suite dans les idées ;
D'autant plus vaine était leur crainte,
Que le gorille est un luron
Supérieur à l'homme dans l'étreinte,
Bien des femmes vous le diront !

Gare au gorille !...

Tout le monde se précipite
Hors d'atteinte du singe en rut,
Sauf une vielle décrépite
Et un jeune juge en bois brut;
Voyant que toutes se dérobent,
Le quadrumane accéléra
Son dandinement vers les robes
De la vieille et du magistrat !

Gare au gorille !...

"Bah ! soupirait la centenaire,
Qu'on puisse encore me désirer,
Ce serait extraordinaire,
Et, pour tout dire, inespéré !" ;
Le juge pensait, impassible,
"Qu'on me prenne pour une guenon,
C'est complètement impossible..."
La suite lui prouva que non !

Gare au gorille !...

Supposez que l'un de vous puisse être,
Comme le singe, obligé de
Violer un juge ou une ancêtre,
Lequel choisirait-il des deux ?
Qu'une alternative pareille,
Un de ces quatres jours, m'échoie,
C'est, j'en suis convaincu, la vieille
Qui sera l'objet de mon choix !

Gare au gorille !...

Mais, par malheur, si le gorille
Aux jeux de l'amour vaut son prix,
On sait qu'en revanche il ne brille
Ni par le goût, ni par l'esprit.
Lors, au lieu d'opter pour la vieille,
Comme l'aurait fait n'importe qui,
Il saisit le juge à l'oreille
Et l'entraîna dans un maquis !

Gare au gorille !...

La suite serait délectable,
Malheureusement, je ne peux
Pas la dire, et c'est regrettable,
Ça nous aurait fait rire un peu ;
Car le juge, au moment suprême,
Criait : "Maman !", pleurait beaucoup,
Comme l'homme auquel, le jour même,
Il avait fait trancher le cou.

Gare au gorille !...


viernes, 11 de abril de 2008

Morir por una idea


Georges Brassens - Mourir pour des idées

Iba tocando ya Brassens, no digan que no se lo imaginaban. Hoy traigo una un poco más seria, "Mourir pour des idées". En 1964 Brassens compuso "Les deux oncles", "Los dos tíos", en la que se dirigía a dos supuestos tíos suyos ya muertos, uno colaboracionista y partidario de Vichy y el otro combatiente antinazi ("uno amigo de los Teutones, otro amigo de los Tommis") y les hacía notar cómo, veinte años después de la guerra, todo el mundo pasaba ("tout le monde s'en fiche à l'unanimité") de las ideas que ambos habían defendido hasta la muerte, y pensaba, más o menos, que ni uno ni otro tenían razón, ni mucho menos razones para montar la que habían montado. "No hay idea en el mundo que merezca una muerte, dejemos ese papel para los que no tienen ninguna" (idea).

El bueno de Georges, con sus canciones llenas de palabrotas ("Je suis le pornographe du fonographe") en las que se burlaba de todo lo respetable, cantaba el amor de las putas y hacía que los gorilas sodomizasen a los jueces, solía despertar las iras de los burgueses bienpensantes, pero esta vez se las arregló para tocarle también las narices a la izquierda más ortodoxa, que habitualmente le defendía. Poner en duda la maldad absoluta del colaboracionismo y equipararlo con la heroica Resistencia en una común estupidez inútil era prácticamente una blasfemia, y no precisamente de las que hacen rabiar a los curas, pero reir al resto. De modo que las reacciones airadas le llovieron de todos los lados a la vez. Posiblemente no sin motivo, porque realmente la de que que a fin de cuentas lo mismo da colaborar con el nazi invasor que combatirlo no es una afirmación muy defendible, y en la Francia de posguerra menos aún. Pero Brassens era así, se le tomaba o se le dejaba pero no era fácil de manipular. (Cosa que no deberían haber olvidado algunos de sus traductores españoles, que trataron de convertirlo poco menos que en una bandera antifranquista y fueron en cambio incapaces de traducir su inimitable poesía, su ternura y su humor. Paco Ibáñez me perdone.)

Su respuesta al clamor general fué esta canción, en la que confiesa haberse rendido a la opinión de la "multitude accablante" que se le echó encima "aullándole a la muerte", con solo una pequeña reserva: "Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta."

La letra en francés no tiene desperdicio. Mi humilde traducción ha intentado conservar alguno de los mejores giros, o de sustituirlos por lo más equivalente de que he sido capaz, pero sin mucho éxito. No obstante lo cual me lo paso tan bien montando trabajosamente estas importaciones del magnífico francés de G.B. que luego no puedo resistir la tentación de colgarlas aquí, como los niños cuando acaban el dibujo y se lo van enseñando a todo el mundo.


MORIR POR UNA IDEA

¡Morir por una idea! La idea es excelente.
Yo, por no profesarla, casi me morí,
pues toda la ralea de sus fieles creyentes
proclamando su fe se arrojó sobre mí.
No pude mantener mi actitud insumisa:
abjuré de mi error, agaché la cerviz
y acaté su opinión, pero con un matiz:
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.


Pienso yo que no hay que morirse enseguida,
sino pensarlo bien, con calma, sin estrés.
Porque si no, ¡caray!, igual damos la vida
por una idea que no dura ni un mal mes.
Y es muy desagradable, no es asunto de risa
rendir el alma a Dios y, entonces, comprobar
que la idea elegida no era de fiar.
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.


Los que con más pasión llaman al sacrificio
a la hora de cumplir se suelen demorar.
La muerte es su pregón, reclamarla es su oficio,
si ellos murieran ¿quién nos la iba a predicar?.
Así que, con frecuencia, esta gente le pisa
al buen Matusalén el récord de la edad.
Probablemente opinan, en la intimidad:
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.


Habiendo tanta idea que reclama su cuota
y exigiendo el martirio todas por igual,
muy pronto se plantea la cuestión para nota:
Morir por una idea, bien, pero ¿por cuál?
Y como, más o menos, son todas de igual guisa,
el sabio, al contemplar su feroz multitud,
concluye, mientras guarda de nuevo el ataúd:
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.


Y aún si bastara con unas pocas matanzas
para dejar, por fin, todas las cosas bien...
Si como colofón de la macabra danza,
viniera de una vez por todas el Edén...
Pero la Edad de Oro está en llegar remisa,
el cupo no se llega nunca a completar
y la Muerte es el cuento de nunca acabar.
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.

Tú, el apóstol que vas de novio de la muerte:
tu ejemplo nos dará el sermón más eficaz.
Si tan seguro estás, muérete, y ¡buena suerte!;
pero deja vivir a los demás en paz.
Por desgracia, la Parca es sabia, y no precisa
de colaboración en su triste labor.
Se arregla muy bien sola, así que, por favor:
Morir por una idea, bien, pero sin prisa,
muy bien, pero sin prisa.
MOURIR POUR DES IDÉES

Mourir pour des idées, l'idée est excellente
Moi j'ai failli mourir de ne l'avoir pas eu
Car tous ceux qui l'avaient, multitude accablante
En hurlant à la mort me sont tombés dessus
Ils ont su me convaincre et ma muse insolente
Abjurant ses erreurs, se rallie à leur foi
Avec un soupçon de réserve toutefois
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente,
D'accord, mais de mort lente


Jugeant qu'il n'y a pas péril en la demeure
Allons vers l'autre monde en flânant en chemin
Car, à forcer l'allure, il arrive qu'on meure
Pour des idées n'ayant plus cours le lendemain
Or, s'il est une chose amère, désolante
En rendant l'âme à Dieu c'est bien de constater
Qu'on a fait fausse route, qu'on s'est trompé d'idée
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente


Les saint jean bouche d'or qui prêchent le martyre
Le plus souvent, d'ailleurs, s'attardent ici-bas
Mourir pour des idées, c'est le cas de le dire
C'est leur raison de vivre, ils ne s'en privent pas
Dans presque tous les camps on en voit qui supplantent
Bientôt Mathusalem dans la longévité
J'en conclus qu'ils doivent se dire, en aparté
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente"


Des idées réclamant le fameux sacrifice
Les sectes de tout poil en offrent des séquelles
Et la question se pose aux victimes novices
Mourir pour des idées, c'est bien beau, mais lesquelles ?
Et comme toutes sont entre elles ressemblantes
Quand il les voit venir, avec leur gros drapeau
Le sage, en hésitant, tourne autour du tombeau
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente


Encor s'il suffisait de quelques hécatombes
Pour qu'enfin tout changeât, qu'enfin tout s'arrangeât
Depuis tant de "grands soirs" que tant de têtes tombent
Au paradis sur terre on y serait déjà
Mais l'âge d'or sans cesse est remis aux calendes
Les dieux ont toujours soif, n'en ont jamais assez
Et c'est la mort, la mort toujours recommencée
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente

O vous, les boutefeux, ô vous les bons apôtres
Mourez donc les premiers, nous vous cédons le pas
Mais de grâce, morbleu! laissez vivre les autres!
La vie est à peu près leur seul luxe ici bas
Car, enfin, la Camarde est assez vigilante
Elle n'a pas besoin qu'on lui tienne la faux
Plus de danse macabre autour des échafauds!
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Brassens de nuevo

Decía De Quincey que, si empiezas por permitirte un asesinato, comienzas a despeñarte por una inevitable pendiente de vicios que te acaba conduciendo a faltar a la buena educación y a dejar las cosas para el día siguiente. Yo inicié un deterioro similar el día que me permití publicar aquí una de mis traducciones de Brassens y, se veía venir, ha llegado el momento en que no puedo resistirme más a mis bajos instintos. Una vez que el tigre prueba la carne humana, no hay vuelta atrás. Voy a asestarles a ustedes otra de mis versiones.

No protesten, otros enseñan las fotos de sus hijos o de su viaje a Tailandia. Cada cual tiene sus debilidades.

Esta era particularmente complicada, porque tenía los versos muy cortos. Miren, por favor, qué bonita me quedó:

TÍO PASCUAL

Sí, Tío Pascual,
obró usted mal
- las cosas, como son -
al enredar
y encizañar
la boda de Asunción.
Estuvo ustez
basto y soez,
y debo confesar
que nos dejó,
gústele o no,
mucho que desear.

Cuando Asunción,
con devoción,
llena de tierno amor,
se disponí-
a a dar el “sí”
ante el Altar Mayor,
¿qué idea se
le vino a usté
para ir y así, sin más,
darle un pelliz-
co a la infeliz
en la parte de atrás?

Agresión tal,
es natural,
provocó su furor.
Se volvió y ¡zas!,
pegó al de atrás,
un pobre coadjutor.
Pero en lugar
de contestar,
“¡Mecachis!” – exclamó.
Y el cura di-
jo: “¡No es así!
¡Responda sí o no!”

Cuando Asunción,
con emoción,
toda dulce y gentil,
ponía bien
sus datos en
el Registro Civil,
¿no tuvo ustez,
Pascual, pardiez,
otra idea mejor
que la vulgar
de pellizcar
su parte posterior?

Tan torpe acción,
es de cajón,
irritó a la mujer.
Se volvió, pues,
y dio un revés
a un inocente ujier.
Y respondien-
do al parabién
que le ofrecía el Juez,
se oyó su voz,
bronca y feroz,
gritar: “¡Me cago en diez!”

Por mucho que
su culo esté
gordo como un tonel,
eso no da
derechos a
dar pellizcos en él.
Así que ustez,
para otra vez
que se case Asunción,
no cuente con
la invitación.
Las cosas, como son.
TONTON NESTOR

Tonton Nestor,
Vous eûtes tort,
Je vous le dis tout net.
Vous avez mis
La zizanie
Aux noces de Jeannette.
Je vous l'avoue,
Tonton, vous vous
Comportâtes comme un
Mufle achevé,
Rustre fieffé,
Un homme du commun.

Quand la fiancée,
Les yeux baissés,
Des larmes pleins les cils,
S'apprêtait à
Dire "oui da !"
À l'officier civil,
Qu'est-c' qui vous prit,
Vieux malappris,
D'aller, sans retenue,
Faire un pinçon
Cruel en son
Éminence charnue ?

Se retournant
Incontinent,
Ell' souffleta, flic-flac !
L' garçon d'honneur
Qui, par bonheur,
Avait un' tête à claque,
1Mais au lieu du
"Oui" attendu,
Ell' s'écria : "Maman"
Et l' mair' lui dit :
"Non, mon petit,
Ce n'est pas le moment."

Quand la fiancée,
Les yeux baissés,
D'une voix solennelle
S'apprêtait à
Dire "oui da !"
Par-devant l'Éternel,
Voilà, méchef,
Que, derechef,
Vous osâtes porter
Votre fichue
Patte crochue
Sur sa rotondité.

Se retournant
Incontinent,
Elle moucha le nez
D'un enfant d'choeur
Qui, par bonheur,
Était enchifrené,
Mais au lieu du
"Oui" attendu,
De sa pauvre voix lasse,
Au tonsuré
Désemparé,
Elle a dit "merde", hélas !

Quoiqu'elle usât,
Qu'elle abusât
Du droit d'être fessue,
En la pinçant,
Mauvais plaisant,
Vous nous avez déçus.
Aussi, ma foi,
La prochain' fois
Qu'on mariera Jeannette,
On s' pass'ra d'vous,
Tonton, je vous,
Je vous le dit tout net.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Mi particular homenaje a Brassens

Hoy hace exactamente veintiseis años y diecinueve días que murió Georges Brassens. Se cumplen también sesenta años y siete días más – los que vivió – desde la fecha en que nació, el día 22 de Octubre de 1921. Unos aniversarios tan redondos me parecen ocasión tan buena como cualquier otra para dedicar mi particular homenaje a este poeta y cantante francés, a mi juicio el más significativo de los chansonniers (sin por eso quitar ningún mérito a Chévalier, Trénet, Moustaky, Brel, Ferré y Le Forestier, entre otros, todos ellos muy santos de mi devoción). Pero a Brassens yo le debo innumerables horas de placer, buena parte de mi conocimiento de la lengua francesa y más de una buena amistad nacida y consolidada en torno al común disfrute de sus canciones. Y le debo sobre todo un matiz muy importante en mi propia visión del mundo que, sin el sedimento que desde mis dieciocho años, en que supe de él por primera vez , fueron dejando en mí sus letras anarquistas, escépticas, cachondas, tiernas y algo brutales, y sus melodías sencillas y profundamente francesas, sería sin duda un poco más rígida, un poco más aburrida y un poco menos humana.

No tengo ni idea de cuánto es de fácil en este momento encontrar en las tiendas discos de Brassens. Tengo la impresión de que está bastante pasado de moda, o más bien por encima de ella, pero como en realidad lo ignoro todo – con gran tranquilidad de espíritu – sobre lo que está de moda en cuestión de música, no sé si aún hay o no alguien que siga oyéndolo. Yo sí, desde luego, con frecuencia y con placer, y hasta cantándolo cuando estoy razonablemente seguro de no ser oído por orejas extrañas.

Deben de ser pocos los amantes de Brassens que han resistido la tentación de traducir alguna de sus canciones. Personalmente creo que nadie lo ha hecho mejor, en español, que Javier Krahe. "Marieta" y "La tormenta" me parecen dos modelos insuperables e insuperados de cómo traducir una canción, consiguiendo en el propio idioma algo equivalente al original en el fondo y en la forma y que, además, encaja en la misma melodía y puede ser cantado sin que chirríe, como, a mi juicio y con todos mis respetos, chirrían las traducciones brassenianas que he escuchado a Paco Ibáñez y a algún otro, menos cargados de acierto que de entusiasmo y buena intención.

Tampoco yo resistí la tentación y el ejemplo de Krahe, lejos de desalentarme, me animó a hacer mis propios pinitos. Hace años ya que me puse a ello y logré acabar mis propias versiones de cinco canciones de Brassens, de las que debo confesar que me siento muy orgulloso. Tanto que les cuelgo aquí una de ellas, acompañada de la versión original, para que puedan irme bajando los humos.

Escuchen "Le nombril des femmes des agents de police" cantada en francés por Brassens y vean luego - o mientras, como prefieran,- qué letra tan apropiada le puse yo en español.


EL OMBLIGO

Verle el ombligo a la mujer
de un poli, no es una conquista
que proporcione un gran placer
ni requiera ser un artista.
Un hombre conocía yo
que, a pesar de ello, padecía
porque nunca el ombligo vio
de la mujer de un policía.

“Soy viejo ya” – solía decir –
“y en todos estos largos años
he visto ombligos a elegir,
de todas clases y tamaños.
Muchos ombligos disfruté
de mujeres de gran valía,
pero ninguno de ellos fue
de la mujer de un policía.”

“Mi padre vio el de la mujer
de un guardia civil, e, inclusive,
llegó el ombligo a conocer
de la mujer de un detective.
Mi hermano el de la novia vio
de un Jefe de Comisaría
¡y ni siquiera he visto, yo,
el de la mujer de un policía!”

Tan tristes quejas escuchó
la digna esposa de un madero,
que, generosa, resolvió:
“Tu pena consolarte quiero.
No es justo que te quedes sin
hallar remedio en tu agonía.
¡Te mostraré el ombligo, al fin,
de la mujer de un policía!”

“¡Gracias a Dios por tu bondad!”
-clamó el buen viejo, agradecido.-
“¡El Cielo atiende mi ansiedad!
¡Mi sueño al fin será cumplido!”
Y se aplicó con prontituz
a investigar la anatomía
y el ombligo sacar a luz
de la mujer del policía.

Mas cuando al fin la conclusión
iba a alcanzar de sus afanes,
la mucha edad y la emoción
dieron al traste con sus planes.
Ante el abdomen redentor
lo fulminó una apoplejía.
Nunca el ombligo vio, ¡ay, dolor!,
de la mujer de un policía.
LE NOMBRIL

Voir le nombril d'la femm' d'un flic
N'est certain'ment pas un spectacle
Qui, du point d'vue de l'esthétiqu'
Puiss' vous élever au pinacle
Il y eut pourtant, dans l'vieux Paris
Un honnête homme sans malice
Brûlant d'contempler le nombril
D'la femm' d'un agent de police

"Je me fais vieux, gémissait-il
Et, durant le cours de ma vie
J'ai vu bon nombre de nombrils
De toutes les catégories
Nombrils d'femm's de croqu'-morts, nombrils
D'femm's de bougnats, d'femm's de jocrisses
Mais je n'ai jamais vu celui
D'la femm' d'un agent de police"

"Mon père a vu, comm' je vous vois
Des nombrils de femm's de gendarmes
Mon frère a goûté plus d'une fois
D'ceux des femm's d'inspecteurs les charmes
Mon fils vit le nombril d'la souris
D'un ministre de la Justice
Et moi, j'n'ai même pas vu l'nombril
D'la femm' d'un agent de police"

Ainsi gémissait en public
Cet honnête homme vénérable
Quand la légitime d'un flic
Tendant son nombril secourable
Lui dit: "Je m'en vais mettre fin
A votre pénible supplice
Vous fair' voir le nombril enfin
D'la femm' d'un agent de police"

"Alleluia ! fit le bon vieux
De mes tourments voici la trêve !
Grâces soient rendues au Bon Dieu
Je vais réaliser mon rêve !"
Il s'engagea, tout attendri
Sous les jupons d'sa bienfaitrice
Braquer ses yeux sur le nombril
D'la femm' d'un agent de police

Mais, hélas ! il était rompu
Par les effets de sa hantise
Et comme il atteignait le but
De cinquante ans de convoitise
La mort, la mort, la mort le prit
Sur l'abdomen de sa complice
Il n'a jamais vu le nombril
D'la femm' d'un agent de police

viernes, 7 de septiembre de 2007

Traductores en tejanos

Imagino que, como todo el mundo, los traductores de inglés se pondrán pantalones vaqueros en alguna ocasión. Incluso los que no, seguro que tienen algún trato con esta prenda, tienen hijos o parejas o amigos que los usan, y de vez en cuando tienen que hablar de, o al menos pensar en, pantalones vaqueros. Y, naturalmente, al hacerlo los llamarán así, utilizarán la palabra que en España emplea todo el mundo, desde hace cincuenta años, para referirse a estos pantalones: unos vaqueros.

¿Por qué entonces hay tantos traductores - pero tantos, fíjense ustedes y verán - que, cuando en el texto que traducen aparecen los pantalones en cuestión, utilizan la palabra “tejanos” para traducir el original inglés? ¿Han visto que alguien, aparte de ellos mismos cuando traducen, llame “tejanos” a otra cosa que a los naturales de Tejas? Nunca, nadie, en parte alguna de España, ha llamado “tejanos” a los vaqueros, pero ellos perseveran, incomprensiblemente, en escribir “tejanos” como traducción de “blue jeans”, o como quiera que se diga en inglés. Mientras lo hacen probablemente vistan unos cómodos vaqueros a los que jamás se les ha ocurrido llamar de ninguna otra forma que vaqueros.

Es un misterio insondable.

Pero no es más que un ejemplo de un fenómeno que a mí no deja de intrigarme cada vez que abro un libro traducido, y que me permitiría en muchísimos casos saber que es traducido aunque ignorase el título y el autor. Un fenómeno por el cual muchos libros están escritos en un idioma que solo existe en sus páginas y que presenta diferencias sustanciales con cualquier castellano que alguien real haya hablado alguna vez.

Otro ejemplo: ¿nadie ha explicado a esos traductores que el pretérito imperfecto español no equivale ni en significado ni en uso al tiempo pasado inglés? La frase inglesa “She said me to be her friend” debe traducirse por “Dijo que yo era amigo suyo”. “Dijo”. Lo dijo en una ocasión específica, la única a la que se refiere la frase. No se puede traducir por “Decía que yo era amigo suyo”, porque en español el pretérito imperfecto, “decía”, implica, usado así, sin más complementos, que la afirmación se hacía con carácter habitual. No que se dijo en una sola ocasión, sino que se decía frecuente o habitualmente. En inglés, en cambio, el pasado, “said”, se refiere, como nuestro “dijo”, a una sola vez, la concreta vez de la que se está hablando. Y como no tiene, al contrario que el español, dos pretéritos distintos, cuando quiere extender la acción a un plazo indeterminado de tiempo pasado durante el que se realizó frecuente, habitual o constantemente, el inglés emplea el verbo to use: “She used to say me to be her friend”.

Este “used” suena como un clarín en la conciencia de nuestros traductores, los encabrita notablemente. Acuden diligentes a su diccionario, físico o mental, depende de cuánto sepan (de cuánto sepan de inglés, de español siempre saben más bien poquito). “To use: Soler”. ¡Ah! “Ella solía decir que yo era su amigo”, traducen concienzudos, dispuestos a no ignorar ni un matiz del texto original. Y ya los tenemos otra vez hablando de “tejanos”.

“Soler + verbo en infinitivo”, en español no traducido - en español de vaqueros - es, efectivamente, realizar la acción del infinitivo con frecuencia. Y como el propio pretérito imperfecto ya proporciona, él solito y sin necesidad de ningún verbo auxiliar, ese significado de costumbre o frecuencia, "She used to say me to be..." debe traducirse, ahora sí, como “Decía que yo era...”, y el “solía” sobra por completo.

Y menos mal cuando se limita a sobrar, como en este caso, pero sin estorbar demasiado. Porque “soler”, en realidad, significa hacer con frecuencia o a veces la acción a que se refiere el verbo a cuyo infinitivo acompaña, no hacerla habitual, constante y regularmente. “Suele venir los martes” significa “Viene la mayoría de los martes” o “Casi siempre que viene es en martes”. Pero excluye la habitualidad indefectible. No se dice que “suele ocurrir” de algo que ocurre siempre, matemática e inexorablemente, ni tampoco de algo que ocurre de modo constante, ininterrumpido y permanente. No decimos “Dos y dos suelen ser cuatro”, porque en “soler” va implícita la idea de algo que sucede muchas veces, pero no todas las veces. Ni decimos “Mi hijo suele estudiar Arquitectura” cuando no es que se interese de vez en cuando por la materia, sino que está matriculado como alumno oficial en la Escuela Superior.

Eso a estos traductores no les importa nada, y así todos leemos con frecuencia frases como: “Solía ser amigo mío” o “Solía ir a mi colegio”, en vez de “Era amigo mío” o “Iba a mi colegio”. Y nos tenemos que imaginar al ciudadano declarando su amistad los lunes, miércoles y viernes para negarla los martes, jueves y fines de semana; o haciendo visitas esporádicas al colegio, hombre, Johny, qué te trae tanto por aquí.

Tampoco les importa que el español, al contrario que el inglés, omita salvo en contados casos el sujeto cuando es un pronombre personal. Ellos trabajan un texto inglés, en el que antes de un verbo siempre hay un “I”, un “you”, un “he”, un “she” o un “they”, y su compromiso de fidelidad a ese texto les prohíbe suprimir información tan sustancial como la que dan estos pronombres. Ni les importa que los adjetivos, que en inglés van inevitablemente antes del sustantivo, en español deban ir tras él, salvo en el caso específico y más bien raro de los epítetos. Las manías de los que hablamos español no les incumben. Lo que ellos saben es inglés, por eso lo traducen. Con el idioma de llegada ya nos apañaremos los lectores, que, como no sabemos inglés, podemos ocuparnos de esas tonterías.

Digo que no les importa, no que no lo sepan, y eso es lo que constituye para mí el misterio. Porque aquí no estoy hablando de los innumerables horrores que esas traducciones comparten con otros muchos textos escritos originalmente en castellano. No pienso ahora en los gerundios mal usados, en los “detrás suyo” ni en ninguna otra de las barbaridades comunes que muchos traductores, como mucha otra gente, escribe y dice por simple ignorancia. Todas ellas son espantosas, sí, pero no características de este idioma especial que podríamos llamar “español traducido”, porque desgraciadamente las podemos encontrar prácticamente en cualquier texto, traducido o no.

De lo que hablo ahora, lo que me intriga tan profundamente, son estas otras barbaridades específicas, que a veces no son ni siquiera eso, solo peculiaridades inexplicables, como los tejanos. Las que solo nos encontramos en textos traducidos y que, casi seguro, no tienen nada que ver con el idioma que usan normalmente, cuando no traducen, quienes incurren en ellas.

Si en su vida diaria también hablaran así, si normalmente dijeran “Yo solía ser del Real Madrid” o “Ella solía tener largo su rubio pelo”, lo entendería. Pero no es el caso. Mal o bien, hablan como todo el mundo, saben cómo se habla en español pero, por algún motivo con el que no soy capaz de dar, cuando traducen deciden no usar ese conocimiento y lo dejan cuidadosamente a un lado. Traducen deliberadamente a otro idioma distinto del que hablan, del que se habla. Usan vaqueros, pero ellos suelen traducir “tejanos”.